CEGADOS POR LA PASTA

Código del hampa (The Killers, Don Siegel, 1964)
Recientemente editada en DVD por Suevia Films

Quizá su sensación de fracaso por la amarga experiencia con los productores de Ángeles sin paraíso (A child is waiting, 1963), su tercera película como director —tras Shadows (1959) y Too late blues (1961)—, hizo que John Cassavetes se identificase plenamente con su papel del fracasado ex-piloto de carreras Johnny North en Código del hampa, imprimiéndole la gravedad necesaria que requería el personaje.

Situación, en cierto modo, parecida a la de Don Siegel pero con la diferencia de que los sinsabores del realizador provenían de la escasa atención que la crítica cinematográfica prestaba a sus películas. Circunstancias que no le impidieron labrarse una sólida carrera, aunque la mayor parte dentro de los parámetros de la serie B. Además, cuando se puso por primera vez detrás de la cámara con Star in the night (1945), tenía tras de sí un sólido bagaje profesional que incluía tareas como montador y director de la segunda unidad bajo las órdenes de maestros de la altura de Michael Curtiz, Howard Hawks o Raoul Walsh. Y a pesar de que antes de rodar Código del hampa, adaptación del relato corto The Killers de Ernest Heminway, había firmado títulos de la categoría de La invasión de los ladrones de ultracuerpos (1956), su prestigio como cineasta no llegaría a consolidarse hasta finales de los años sesenta con largometrajes como La jungla humana (The coogan’s bluff, 1968), Dos mulas y una mujer (Two mules for the Sister Sara, 1970), El seductor (The beguiled, 1971), Harry el Sucio (Dirty Harry, 1971) o La fuga de Alcatraz (Scape from Alcatraz, 1979), todos ellos protagonizados por un Clint Eastwood en plena ascensión.

Johnny North no ofrece resistencia alguna al ser abatido a tiros por dos asesinos profesionales, Charlie Strom (Lee Marvin) y Lee (Clu Gulager), mientras imparte una clase en una institución para ciegos. De hecho, y al igual que los seres Peckinpahnianos, North es un perdedor cuya única salida a su trágica existencia será la muerte. Pero esta actitud intriga a sus verdugos que, desconociendo la identidad de quien les contrató y sabiendo de la existencia de una cuantiosa suma de dinero en paradero desconocido, inician su particular investigación con el objetivo de esclarecer el asunto. Complejo entramado que Siegel estructura a través de tres flashbacks que corresponden a cada uno de los interrogatorios que el dúo de ejecutores somete a tres de los personajes que trataron al malogrado automovilista.

Flashbacks que vienen a reconstruir el descenso de North y que Siegel muestra desde la mirada del propio interlocutor que lo relata. El primer interrogado es el mecánico amigo de North, Earl Sylvester (Claude Akins), el único personaje impregnado de bondad, y quizá el episodio más convencional del conjunto: es decir, el clásico encuentro entre un hombre y una mujer, en este caso el del piloto con la atractiva Sheila Farr (Angie Dickinson), el consiguiente juego de seducción y el posterior accidente del protagonista que trunca su carrera deportiva, no sin las correspondientes reticencias por parte de su bonachón operario quien desconfía desde el principio de la chica.

La siguiente declaración es la de Mickey Farmer (Norman Fell) que, acorde a su condición de ladrón, centra su relato en los concienzudos preparativos de un atraco ideado por un aparentemente distinguido Jack Browning (Ronald Reagan), y su posterior consecución. No sin estar intrínsecos durante el desarrollo del mismo los conflictos entre North y Browning a causa de Sheila.

Y el último testimonio saldrá de los labios de la propia Sheila Farr, tal vez el personaje más ambiguo de la historia, ya que navega entre la pasión que le despierta un North carente de futuro frente a la estabilidad económica que le ofrece Browning aunque éste no le inspire sentimiento alguno: de hecho es un hombre que posee una solvente posición social, aunque ésta la haya conseguido a través de oscuros negocios. Capítulo, por otro lado, en el que Sheila acaba desvelando las claves de un puzzle cuyo trágico desenlace se cierra, a modo de epílogo final y en tiempo presente, en medio de una explosión de violencia.

Pese a sus altibajos, Código del Hampa es un excelente thriller salpicado con los ingredientes clásicos el género y cuya concepción visual navega entre la estética cinematográfica y la televisiva: un montaje ágil con numerosos planos de corta duración, encuadres inclinados, picados, contrapicados, uso de zooms, planos aéreos y transparencias para las secuencias automovilísticas. Además de unos medidos diálogos a su vez equilibrados con un cuidado uso de la banda sonora: los estruendos de los motores en las escenas deportivas o los sonidos de la secuencia inicial con los dos asesinos introduciéndose en la institución para eliminar a North, por ejemplo —todas ellas con ciertos aires Hitchcockianos—, en contraste con la solvente música de un todavía desconocido John Williams —antes de consagrarse con las partituras de la saga de La guerra de las Galaxias y convertirse en el compositor habitual de Steven Spielberg—, que va acentuando los momentos emocionales de los personajes.

“Deberías comer Charlie. ¿Sabes cuantas proteínas debes de comer al día?. ¡No hidratos de carbono!, sino proteínas”, espeta Lee en un momento dado a Charlie, los dos sicarios que son el eje central sobre el que se sostiene la trama. Dos personajes contrapuestos, el veterano que piensa en el retiro frente al joven impetuoso, en cuyos diálogos se entremezclan las frases banales y la reflexión propia de sus averiguaciones y que posiblemente le sirvieron de modelo a Quentin Tarantino a la hora de concebir a Vicent Vega y Jules Winnfield —John Travolta y Samuel L. Jackson— para Pulp Fiction (1994). Arquetipos, como el resto de los personajes, que utiliza Siegel no sólo para elaborar un palpitante thriller, sino también para esbozar un tratado sobre la ceguera: la que padecen todos sus protagonistas obnubilados por una ambición que les acabará empujando hacia su propia destrucción. Salvo North, que aceptó su inmolación consciente quizá de que su labor con los invidentes le había concedido la redención.

Carlos Tejeda 
Copyright La hija de Laughton S.L. (Kane3)

Código del hampa (The Killers, 1964)
Dirección y producción: Don Siegel.
Guión: Gene L. Coob basado en el relato The Killers de Ernest Hemingway.
Música: John Williams.
Fotografía: Richard L. Rawlings
Dirección Artística: Frank Arrigo y George Chan.
Montaje: Richard Belding.
Intérpretes: Lee Marvin (Charlie Strom), Angie Dickinson (Sheila Farr), John Cassavetes (Johnny North), Clu Gulager (Lee), Claude Akins (Earl Sylvester), Ronald Reagan (Jack Browning), Norman Fell (Mickey Farmer), Virginia Christine (Miss Watson), Robert Phillips (George).

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