EL PODER DE UNA OBSESIÓN: “Eva”

Eva (Eve, Joseph Losey, 1962)
Artículo publicado en Cuadernos de Jazz, nº 111, marzo/abril, 2009, pp. 50-55

Amargo relato sobre las falsas apariencias, Eva narra la desintegración moral y espiritual de un escritor a causa de su desmedida obsesión por una mujer. Encuentros y desencuentros en una película en la que se combinaron las influencias de la modernidad que desprendían filmes como La noche (Michelangelo Antonioni, 1960), las ciudades de Venecia y Roma, la música compuesta por Michel Legrand, así como las canciones de Billie Holiday.

Quizá quienes empezaron a dar un cierto reconocimiento a Joseph Losey(1) con aquel monográfico publicado en Cahiers du cinéma en 1961 por un grupo de películas rodadas en Hollywood, algunas de ellas dentro de los parámetros del cine negro –The Lawless (1950), The prowler (1951), M (1951) una versión del film de Fritz Lang o The big night (1951)-, no pudieron prever que al año siguiente el cineasta americano daría un giro importante en su carrera cuando concibió Eva. Cintas aquellas que, por otra parte, cerraron su etapa americana ya que en 1951, y dada su ideología de izquierdas, fue llamado a compadecer ante los tribunales de la Comisión de Actividades Antiamericanas, lo que le forzó a exiliarse en Londres. Incluso, ya establecido en tierras británicas, tiene que rodar sus siguientes títulos bajo diferentes seudónimos(2) ya que los tentáculos del macartismo alcanzan hasta las fronteras del viejo continente.

Pero aquellos cahieristas tampoco pudieron prever que Losey lograría su verdadero prestigio poco después, cuando en colaboración con el dramaturgo Harold Pinter concibió tres lúcidas crónicas que giraban, una vez más, en torno a las falsas apariencias: El sirviente (The servant, 1963), Accidente (Accident, 1967) y El mensajero (The go-between, 1970) que recibió la Palma de Oro en Cannes.

Sin embargo, lo que no imaginó el propio Losey es que tras el galardón venía la aflicción: la del hombre que contempla como su obra se hunde en el olvido. Ni tan siquiera la fructífera asociación con Pinter o películas como La clave del enigma (Blind date, 1959) y El criminal (The críminal, 1960) impidieron el peso de la desmemoria. A ello contribuyeron una serie de propuestas con vocación de modernidad –entre las que se encuentra Eva – que, en cierto modo y a pesar de su interés, no ha soportado bien el paso del tiempo, quizá en parte ahogada por las claras influencias de títulos como La aventura (1960) y La noche (1961) ambas de Michelangelo Antonioni o La dolce vita (1960) de Federico Fellini. Amnesia asimismo incrementada por la discreta calidad de sus posteriores trabajos a pesar de rodar algunos films de interés caso de El otro señor Klein (Mr. Klein, 1976) o Don Giovanni (1979) que sigue el espíritu de trabajos como La flauta mágica (Ingmar Bergman, 1975)(3).

Un cambio de estilo
La agitación cultural europea surgida a mediados de los 50 se convierte en un espacio propicio para un cineasta con voluntad de estilo como Losey, De hecho, cuando rueda Eva apenas hacía tres años que Francois Truffaut y Jean-Luc Godard, habían inaugurado la Nouvelle Vague con Los 400 golpes y A bout de soufflé; hacía casi un año que Antonioni acababa de filmar La noche y dos que Federico Fellini rodó La dolce vita. Aires de modernidad que en Eva potenció por un lado la presencia de Jeanne Moreau, uno de los rostros del movimiento francés, y por otro el hecho de que el film de Losey, al igual que los dos títulos italianos, retratara el deambular de una pareja por las calles y los locales nocturnos poblados de ociosos personajes de buena posición. Pero también por el empleo de estrategias estéticas y narrativas, a veces con forzados picados y contrapicados –como ese casi vertical que muestra al protagonista en el rellano de la escalera después de que Eva le ha cerrado de golpe la puerta de su apartamento impidiéndole la entrada– o los sofisticados ambientes que retrata. Espíritu que además acentuaron los exteriores rodados en Venecia y Roma.

Falsas apariencias, como las que retrata la propia película: Tyvian Jones (Stanley Baker) es un escritor galés que se halla en Venecia para asistir al estreno de la adaptación cinematográfica de su exitosa primera novela en el Festival de Cine de esa ciudad. Una noche se encuentra en su piso con dos intrusos que, a causa de una inesperada tormenta, se han refugiado casualmente en él: Silvano Pieri (Checo Rissone) un hombre maduro cuya única intención es acostarse con Eva (Jeanne Moreau), una inquietante mujer que desde un primer momento llama la atención del literato. A partir de ahí la conflictiva y creciente obcecación de Jones por Eva le conducirá gradualmente a su propia anulación como individuo. Y en medio, Francesca (Virna Lisi) que, a pesar de los devaneos del novelista con Eva, persiste en contraer matrimonio con él, lo que la empujará a un trágico destino. Pero los maquiavélicos juegos de la fría y manipuladora protagonista con Jones irán poniendo al descubierto sórdidas realidades. Ella es una prostituta de lujo y él un farsante, un perdedor, como ella le repite en numerosas ocasiones, que ha firmado una novela cuyo verdadero autor es su hermano fallecido.

Una historia que Losey subraya a través de metáforas: las citas bíblicas del prólogo y epílogo que muestran la representación escultórica de Adán y Eva situada en una de las esquinas de la Plaza de San Marcos. Personajes a los que se alude de nuevo en la reproducción de los frescos de La expulsión del paraíso de Masaccio pertenecientes a la Capilla Brancacci de la Iglesia del Carmine en Florencia, colgada en el dormitorio de una casa de campo en las afueras de Venecia, lugar de encuentro de los amantes. Pintura que enfatiza la secuencia en la que Francesca, ya casada con Jones, descubre a Eva con el escritor, aunque en realidad han dormido en habitaciones separadas. O algunos objetos como la máscara con la que juguetean los protagonistas en un momento dado o los diversos espejos en los que se reflejan, elementos que acentúan la falsedad en la que ambos viven.

La música
El interés de Joseph Losey por el jazz quedó de manifiesto en varios títulos suyos, caso de The criminal, El sirviente, Modesty Blaise (1966) y Accidente cuyas partituras firmó el clarinetista y saxofonista británico John Dankworth.

La banda sonora de Eva se ha concebido a partir de dos contrapuntos bien diferentes: por un lado las dos canciones de Billie Holiday que están unidas al personaje de Eva ya que es ella quien siempre escucha los discos de la cantante. Willow weep for me es el leit motiv del film. Suena por primera vez cuando ella se introduce con su maduro acompañante en el apartamento del escritor. Tema que se convierte en melodía de seducción: Eva llama por teléfono a un Jones a punto de contraer matrimonio con Francesca, acercando el auricular al tocadiscos. Pero también es la pieza con la que despierta al escritor tras pasar éste la noche tendido en el suelo del salón porque ella le ha impedido la entrada en la habitación. Momento en el que Francesca les descubre juntos.

Sin embargo, Loveless love, aparece sólo al final del metraje, cuando Jones espía a Eva través de la ventana. Ella acaba de llegar tras una salida nocturna y conecta el tocadiscos. El cambio de canción viene a reforzar el hecho de que la mujer ha dado por zanjada su relación con el protagonista. Ha cambiado de amante y también de canción. Sin embargo, Adan and Eve cantada por Tony Middleton, es una pieza con estructura de blues de la que sólo se pueden escuchar algún pequeño fragmento que puntualiza momentos concretos como cuando Eva, tras rechazar a Tyvian, observa desde lejos al escritor en el día de su boda con Francesca.

Si Billie Holiday remarca la intimidad de la pareja, la partitura de Michel Legrand, que volvería a colaborar con Losey en El mensajero, Casa de muñecas (1973) y Las rutas del sur (1978), ambientará precisamente las escenas de sociedad. Segmentos orquestales que, con evidentes influencias de Miles Davis y Gil Evans, acompañan las secuencias de las fiestas nocturnas o los paseos de los amantes, caso de At the bar, Water ski, A hotel in Venice o The weedding en los que la orquesta elabora diferentes arquitecturas sonoras, en las que predomina la sección de vientos, en consonancia con el carácter mundano de la pareja protagonista. Armonías con unos sólidos arreglos que ponen de manifiesto el buen oficio de un compositor que se inició en el jazz, recuérdese el excelente disco Legrand Jazz de 1958 en el que el músico parisino se acompañó de Miles Davis, John Coltrane, Bill Evans o Art Farmer, entre otros. Y aunque grabó otros álbumes en colaboración con otros jazzmen –Michel Legrand at Shelly Manne’s Hole (1968) con Ray Brown; o Legrand/Grapelli (1992)-, su carrera posterior se desarrollaría, en su mayor parte, dentro del campo de la música para cine: Los paraguas de Cheburgo (Jacques Demy, 1963), El caso de Thomas Crown (Norman Jewison, 1968), Verano del 42 (Robert Mulligan, 1971), etc.

Pero si hay algo que destaca en Eva es precisamente Venecia, Roma y las canciones de Billie Holiday, quizá por ser las únicas verdades en medio de una gran mentira: esa en la que viven sus protagonistas.

Carlos Tejeda
Cuadernos de jazz, nº 111, marzo/abril de 2009, pp. 50-55

NOTAS
(1) Antes de ponerse detrás de las cámaras Joseph Losey desarrolló una amplia carrera en el teatro que abarcó 20 años llegando a convertirse en un reputado director teatral. Entre otras obras, dirigió el Galileo Galilei de Bertold Brecht en 1947, pieza que adaptaría al cine en 1975.

(2) Los seudónimos fueron Victor Hanbury bajo el cual realizó El tigre dormido (The sleeping tiger, 1954) y Joseph Walton con el que firmó Intimidad con un extraño (The intimate stranger, 1956).

(3) Otros films de Losey fueron Time without pity (1956), Estos son los condenados (The damned, 1961) bajo los auspicios de la Hammer, Rey y patria (King and country, 1964), Modesty Blaise (1965) una especie de 007 en versión femenina encarnada por Mónica Vitti, Ceremonia secreta (Secret ceremony, 1968), Caza humana (Figures in a landscape, 1970), El asesinato de Trosky (1972), Una inglesa romántica (1975) o Las rutas del Sur (1978), La truite (1980) o Steaming (1983) película que cerró su filmografía.

Ficha Técnica
Eva (Eve, 1962)
Productores: Robert y Raymond Hakim.
Director: Joseph Losey.
Guión: Hugo Butler y Evan Jones según la novela de James Hadley Chase.
Fotografía: Gianni di Venanzo y Henri Decae.
Dirección Artística: Richard MacDonald y Luigi Scaccianoce.
Música: Michel Legrand.
Canciones: Willow weep for me (Ann Ronell) y Loveless love (W. C. Handy) cantadas por Billie Holiday; Adan and Eve cantada por Tony Middleton y compuesta por Michel Legrand.
Montaje: Reginald Beck y Franca Silvi.
Intérpretes: Jeanne Moreau (Eva Olivier), Stanley Baker (Tyvian Jones), Virna Lisi (Francesca), Giorgio Albertazzi (Sergio Branco), James Villiers (Alan McCormick), Ricardo Garrone (Michele), Lisa Gastón (La pelirroja), Checo Rissone (Pieri), Enzo Fiermmonte (Enzo).

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