‘UN GENIO OLVIDADO’: Hinton y la cuarta dimensión

atanes

Fotos: ©Jacobo Medrano

Entrevistamos al autor teatral y director de cine Carlos Atanes que presenta su nueva obra, “Un genio olvidado” que gira en torno a la figura de Charles Howard Hinton (1853-1907), matemático que creó el concepto de la cuarta dimensión, pionero de la ciencia ficción según Jorge Luis Borges y bígamo. Una sugerente y divertida comedia interpretada por Germán Torres, Alicia González y María Kaltembacher que se representa los sábados en el Off de La Latina de Madrid (C/. Mancebos, 4).

¿Cómo descubres a Charles Howard Hinton?
Siempre me ha apasionado la cuarta dimensión, las realidades paralelas, las figuras imposibles, las formas insólitas de ver la realidad… De los grabados de Escher pasé al Gödel, Escher, Bachde Douglas R. Hofstadler (Tusquets, 1992) y a otras lecturas por el estilo hasta que en La cuarta dimensión de Rudy Rucker (Salvat Editores, 1994) descubrí al personaje, un tipo que inmediatamente me fascinó, tanto por su pensamiento como por su vida, extravagante y divertida. Lo puse en mi lista de personajes interesantes acerca de los cuales un día tendría que hacer algo. Alan Moore le referencia en From Hell pero, que yo sepa, nunca se han hecho montajes o películas sobre él. Para mí es un personaje a reivindicar, lo tenía pendiente y por fin, muchos años después de dar con él, he tenido la ocasión de abordarle, escribir sobre él y llevarle al escenario.

Porque es un personaje de quien no hay demasiada información, a pesar de que el padre de una de sus mujeres fue un matemático prestigioso.
Sí, hay muy poca información. Yo me he basado en datos del libro de Rucker y en fuentes diversas de las que he ido extrayendo datos a cuantagotas, como árboles genealógicos donde he descubierto, por ejemplo, el nombre de sus hijos. Genealogías que no debemos tanto a él como a la familia de su mujer, Mary Ellen, una de las hijas (la única que no era matemática, curiosamente) de George Boole, el fundador de la lógica matemática e inventor del álgebra de Boole. Una de sus hermanas, Alicia Boole, que se cita en la obra, fue discípula de Hinton, colaboró con él y realizó con posterioridad importantes contribuciones a la geometría de cuatro dimensiones.

Al haber tan pocos datos ¿Qué es lo que más te llamó la atención del personaje?
Mi afinidad personal con él. Hinton me cae muy simpático, me resulta entrañable su ingenua torpeza social y comparto su obsesión excéntrica por algunos temas. Su fama solo ha trascendido de forma excepcional, porque Borges habló alguna vez de él o porque te lo encuentras de vez en cuando en algún libro que habla de autores raros, y eso no ha hecho más que acrecentar mi interés con el tiempo.

La acción transcurre un día en Japón, donde él está con su mujer y aparece otra mujer con la que también se había casado. ¿Fue un encuentro real?
Yo propongo un juego que no es enteramente ficcional, sino más bien especulativo. No cuento algo que ocurrió, pero sí algo que podría haber ocurrido. Partiendo de hechos reales. Hinton estaba casado con Mary Ellen Boole (con quien tuvo cuatro hijos) cuando contrajo en secreto matrimonio con otra mujer, Maud Wheldon (Matilda en la obra), con la que convivió tres años y tuvo otros dos hijos, dos gemelos. Llegó un momento en que a él todo ese trajín se le hizo muy cuesta arriba y se arrepintió

… pero en Londres
Sí, todo eso en Londres. Se descubrió el pastel, hubo un juicio y Hinton fue condenado por bigamia. Tiró de influencias y solo pasó un par de días en el calabozo. El escándalo le empujó a emigrar a Japón con su familia legítima. Sobre su estancia en Oriente no hay mucha información. Se sabe que residió allí entre cinco y seis años, que dio clases de matemáticas en una escuela, concretamente en Yokohama, que era donde vivían, y poco más. Lo que hago es elegir un día de 1893, que es el año en el que abandona el país nipón y viaja a Estados Unidos, donde viviría el resto de su vida. La obra transcurre durante su último día en Japón, y lo que me invento es que la otra mujer apareciese allí, cosa que no creo que ocurriese realmente. Pero ese hecho “probable” me sirve para explicar muchas cosas.

De hecho es muy interesante enfrentar a las dos mujeres, que no sé si ellas eran conscientes de que su marido estaba casado con otra, y que descubran precisamente eso.
Hinton y Mary Ellen marchan a Japón arrastrando los fantasmas del pasado. Pasan página pero queda esa especie de resentimiento en “stand-by”. Cuando se encuentran en Japón ellas, obviamente, ya saben quién es cada cual, lo que me sirve para sacar punta a varios temas. El padre de Charles, James Hinton, un cirujano que había viajado por todo el Imperio Británico, era un defensor declarado de la poligamia aunque nunca la practicó (se comportó como un fiel marido monógamo). Fue su hijo quien llevó sus ideas a la práctica. Con nefastos resultados. Esa confrontación que la obra sitúa en Japón podría haber tenido lugar realmente en Inglaterra. Quién sabe.

Hinton tiene en la obra como una comunicación extrasensorial, que no sabemos a ciencia cierta si es real o no, con su padre y que escenificas por medio de una voz en off y luego habla con el propio  Lewis Carroll, el autor de Alicia en el país de las maravillas.
Carroll era contemporáneo de Hinton, ambos personajes comparten sorprendentes similitudes y es más que probable que Carroll conociera personalmente, por ejemplo, a George Boole, el padre de Mary Ellen, porque ambos frecuentaban Oxford, eran matemáticos, etc. Es una época fascinante, el final del XIX y el principio del XX. Desde todos los puntos de vista: el científico, el artístico, el literario e incluso el estético. Es una época que me apasiona. Es la época de la ciencia ficción, Julio Verne, la torre Eiffel, la fe en el acero, las grandes construcciones… Y en concreto Inglaterra estaba plagada de personajes fascinantes que además estaban interrelacionados, porque Londres ya debía de ser, supongo, muy grande, pero se diría que ahí se conocían todos. Por ejemplo el padre de Charles, James, era amigo personal del doctor William Gull, de quien hasta hace poco tiempo se sospechaba que era Jack el Destripador. La voz en off me venía perfecta como recurso narrativo pero también porque encaja con la mentalidad de Hinton, un enamorado de la cuarta dimensión que acabó extrayendo conclusiones morales y místicas de sus elucubraciones geométricas (si partes de que nuestra naturaleza no está limitada a las tres dimensiones, sino que se expande en un plano superior… eso inevitablemente te lleva, antes o después, a plantearte cuestiones de tipo moral, ético, sobre la trascendencia del alma, etc.). Vete a saber con quién va a estar hablando un tipo con todas esas cosas en la cabeza cuando parece que solo está mirando la pared.

Y de hecho funciona muy bien porque el hecho de que tenga diálogos con su padre muerto o con Carroll en ningún momento produce extrañeza
En la obra se bromea con el paralelismo entre Hinton y Carroll: ambos se llamaban Charles (el verdadero nombre de Carroll era Charles Lutwidge Dogson), ingleses, coetáneos, polifacéticos, matemáticos y, sin embargo, ni el uno ni el otro recordado como matemático sino como escritor de “cuentos”.

De Hinton la editorial Siruela publicó una serie de relatos suyos
Borges le adjudicaba el honor a Hinton de haber sido uno de los fundadores de la ciencia-ficción. Pero no creo que él se considerase como un escritor de tal género. Esto de la cuarta dimensión puede sonar raro a mucha gente, pero para un físico o un matemático del S. XX, y ya no digamos del S. XXI, es el pan de cada día. Hinton no fue un cuentista sino un visionario, y lo justo es reconocerle como tal.

Otra cosa muy original en tu obra es que le imprimes al personaje un gran sentido del humor.
Ni me lo planteé porque el tono de comedia llegó solo al comienzo de la escritura. Es un personaje cuya vida me enternece. Y me parece muy divertidas sus desventuras, sus andanzas por Japón, su bigamia, la cuarta dimensión, el cañón de pelotas de béisbol que inventó… Además no se limitó a formular una teoría acerca de la cuarta dimensión, quería verla, percibirla. Por eso comercializó un sistema basado en cubitos de colores. El sistema consistía en memorizar e interiorizar diferentes disposiciones de cubos. Era una forma de entrenar el cerebro para crear una retina tridimensional imaginaria. Si nosotros percibimos la realidad tridimensional a través de retinas bidimensionales, él creó una retina tridimensional, mental, formada por “píxeles” tridimensionales para visualizar objetos de cuatro dimensiones. Corrieron leyendas al respecto, se decía más de uno se había vuelto medio loco usando esos cubitos.

Cubitos que aparecen en tu obra, con los que él se pone a jugar y que pueden causar una cierta sorpresa a más de un espectador porque enseguida los relaciona con los juegos de los niños.
Yo no he tratado de ser exhaustivo. Y una de las intenciones de esta obra es reivindicar su figura. En realidad tengo un doble objetivo: que, en primer lugar, la gente disfrute con el montaje, con la historia y con esos excelentes actores que son Germán Torres, Alicia González y María Kaltembacher. Pero también excitar la curiosidad del espectador para que salga de la función queriendo saber más acerca de este hombre. De ahí la razón del título. Porque hay gente que tiene la duda de si este personaje ha sido real o no. Y he jugado un poco a eso. Y me satisface saber que ya son varios los espectadores que, tras ver la obra, esa misma noche, lo primero que han hecho es meterse en internet a investigar sobre el tema.  Me encanta que la obra trascienda más allá del escenario.

¿Por qué crees que es un genio olvidado?
No tengo ni idea. En cualquier caso se trata de un olvido inmerecido. Como dijo con toda la razón Ignatius J. Reilly, este mundo de ahora carece de teología y geometría. Con esta obra aporto mi pequeño granito de arena en pos de contrarrestar un poco esa carencia.

Página web: www.carlosatanes.com
Fotos: ©Jacobo Medrano

Carlos Tejeda
· Entrevista publicada en el suplemento cultural It’s Playtime [9 de mayo, 2015]

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