‘MARTE (THE MARTIAN)’: Atrapado en el planeta rojo

Martian

A pesar de sus atractivas premisas, de su excelente factura visual y la magnífica recreación de los paisajes de Marte, el nuevo film de Ridley Scott acaba navegando por los cánones comerciales y los convencionalismos de “buenrollismo” habituales de las producciones hollywodenses.

El compositor Pietro Mascagni escribió 17 óperas, pero solo una de ellas, Cavalleria Rusticana(1890), le reservó un sitio de honor en la historia de la música. No sólo es una obra maestra, sino la única pieza escénica de su catálogo que sigue representándose con éxito en los escenarios, aparte de que su célebre Intermezzo sinfonico ha formado parte de unas cuantas bandas sonoras, siendo la composición que acompaña a los títulos de crédito iniciales de Toro salvaje (Ranging bull, Martin Scorsese, 1980), con la imagen a cámara lenta de la figura de Robert De Niro haciendo ejercicios de calentamiento sobre el ring. Circunstancias que, de una manera u otra, han llevado a Mascagni a formar parte de esa lista que muchas fuentes especializadas en música clásica denominan como “compositores de una sola obra”. Aquellos cuya producción, en muchos casos muy extensa, ha acabado eclipsada por la fama que ha adquirido una de sus composiciones como, por dar algunos nombres, le sucedió a Charles Gounod con su Ave Maria, Ruggiero Leoncavallo con I pagliacci o el mismísimo Joaquín Rodrigo y su Concierto de Aranjuez.

Viene esto a colación porque, salvando las diferencias y las distancias, la obra fílmica de Ridley Scott parece transitar en cierta manera por una tesitura similar. Si bien ha rodado unos cuantos excelentes títulos como Los duelistas (The duelist, 1977), Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979) oThelma & Louise (1991) o los más sólidos Gladiator (2000), American ganster (2007) y Red de mentiras(Body of lies, 2008), ninguno llega a alcanzar la brillantez, tanto estética como conceptual, así como la dimensión filosófica que desprende su emblemática Blade Runner (1982) convertida, ya casi en el momento de su estreno, en todo un clásico. Y este es quizá uno de los mayores inconvenientes que suele padecer el autor que firma una obra cumbre, que su trabajo posterior, por mucha calidad que tenga, no logre estar a la misma altura que aquella, además de que con cada nuevo largometraje que estrena vuelven a surgir las inevitables comparaciones.

Probablemente tampoco quepa duda de que las otras 16 óperas que compuso Mascagni posean excelentes cualidades artísticas. Pero la realidad es que aún hoy en día siguen siendo bastante desconocidas. Tanto, que cuando se explora la discografía existente sobre su obra, se comprueba que la práctica totalidad de las grabaciones se reducen a las numerosas versiones que se han realizado de Cavallería rusticana. Tampoco se pretende afirmar con ello que ese vaya a ser el destino de la filmografía de Scott quien, dicho sea de paso, sigue siendo un cineasta con talento, aunque desde hace mucho tiempo se haya acomodado en el terreno de las superproducciones. Una sensación que una vez más se pone de manifiesto durante el visionado de Marte (The martian), cuyo comienzo ofrece unas expectativas que después, en el transcurso del metraje, se van diluyendo a pesar de la belleza de los paisajes marcianos y la buena factura de sus imágenes, aunque estas (y aquí vuelven a surgir esas inevitables comparaciones), no logren alcanzar la dimensión estética y visual que desprendían Alien, el octavo pasajero y sobre todo Blade Runner. Como tampoco logra las tan sugerentes como inquietantes atmósferas de aquellas pese a esa extraña quietud en medio de la nada desértica que ofrece el planeta rojo.

Porque Marte (The martian) parte de una premisa interesante, aunque su trama enseguida traiga reminiscencias del Robinson Crusoe de Daniel Defoe, por el hecho de que el astronauta Mark Watney, encarnado por Matt Damon, tiene que sobrevivir en un entorno todavía más extremo como es el de Marte a millones de kilómetros de la Tierra, teniendo que utilizar además los únicos recursos que le proporciona la base espacial. A partir de ahí, el cineasta alterna la experiencia del “naufrago” con la operación de rescate que organiza la NASA en cooperación con la estación espacial en la que se hallan los compañeros del protagonista, supervivientes de la catástrofe natural que ha provocado que aquel se haya quedado aislado en el planeta.

Sin embargo, lo que podía haber sido el retrato de un ser humano sometido a condiciones extremas con las lógicas reflexiones, miedos y conflictos internos generados por la situación, se acaba convirtiendo, quizá por imperativos de producción, en una aventura protagonizada por una suerte de MacGyver al que se le van acumulando los problemas, recurriendo a veces a soluciones cuanto menos sorprendentes, como cuando decide, por ejemplo, al saltar por los aires una compuerta de la base a causa de la presión, taparla con un plástico que, a la manera de Mortadelo y Filemón, sujeta con cinta de embalaje. Algo que podría haber sido un gag ingenioso si el tono del film navegase por los territorios de la comedia.

Pero esas licencias llevan a otros momentos que en ocasiones pueden dejar perplejo al espectador como esas imágenes de las plazas de varias capitales del mundo donde, a través de pantallas gigantes, sus habitantes siguen pormenorizadamente los detalles del salvamento. O cuando una potencia que se supone enemiga, como China, decide ayudar a la NASA en sus esfuerzos por rescatar a Watney. O esa otra escena en la que un astrofísico afroamericano explica a los directivos de la agencia espacial la solución, que será finalmente la que se lleve a cabo, haciendo que estos representen los astros que entran en juego mientras que él, cogiéndole el bolígrafo al director, hace con su propio cuerpo la trayectoria que ha de seguir la estación espacial. Un poco, y salvando las distancias, a la manera en que Valuska, el protagonista de Armonías de Werkcmeister (Werckmeister harmóniák, Béla Tarr, 2000), explica el funcionamiento del universo a un grupo de borrachos en una taberna al comienzo del film. Porque hay ocasiones en que da la sensación de que un paseo espacial nunca fue tan paseo espacial, valga la redundancia, como el que lleva a cabo Watney.

Una vez más Ridley Scott parece haber preferido seguir las convenciones hollywoodenses, a pesar de que ha contado con un elenco de lujo en el que destacan, junto a Matt Damon, los nombres de Jessica Chastain, Jeff Daniels, Sean Bean o Chiwetel Ejiofor con papeles que podrían haber dado mucho más de si. Aunque por otra parte, es un film rodado con gran eficacia que pone de relieve una vez más la gran capacidad del cineasta para la puesta en escena, además de poseer un impecable diseño de producción y contar con las muy sugerentes imágenes de los paisajes de Marte.

Carlos Tejeda
·  Artículo completo en el suplemento cultural It’s Playtime [17 de octubre, 2015]

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