UN SUTIL EJERCICIO DE ESTILO: “No tengas miedo” (Montxo Armendáriz, 2011)

No tengas miedo (Montxo Armendáriz, 2011)

Si coincidiésemos por la calle con los personajes principales de No tengas miedo probablemente pasarían hasta desapercibidos ante nosotros. Porque ¿Se podría pensar algo raro sobre un matrimonio de clase media con una vida normal? ¿De un padre que va a buscar a su hija al colegio, la lleva al cine o a patinar junto con una compañera de clase? No hay nada perturbador para los que les miran desde fuera, nada que se salga de lo corriente. Todo es cotidiano a su alrededor, las calles, la casa familiar, el instituto, los bares, el salón de los juegos tragaperras. Ambientes que Montxo Armendáriz capta en toda su naturalidad y que, aunque son los de Pamplona, bien podrían ser los de cualquier otra ciudad.

Esa es al menos la imagen aparente que se muestra de esa pareja y su hija al inicio de No tengas miedo. La cámara entra de puntillas en su entorno familiar. Las palabras, las risas, los juegos,… y los que en un momento dado van un poco más lejos. Lo que no podría intuirse se vuelve posible. A partir de ahí, el cineasta navarro articula una exploración psicológica sobre el sufrimiento en silencio, siempre desde el plano de la sugerencia, de la insinuación. El de soporta Silvia, quien desde su infancia padece los abusos de su padre (Lluis Homar), un respetable médico de provincias.

Silvia es un ser estigmatizado que en un principio le sucede algo que no comprende. La madre (Belén Rueda) parece mirar a otro lado. Porque ¿Quien puede tomarse en serio las quimeras salidas de la boca de una niña? De hecho, ya adolescente, intenta sincerarse con su madre, contarle la verdad durante una comida en un restaurante. Pero ésta cree, o simplemente quiere creer, que es una invención más de su hija. ¿Hasta que punto realidad y ficción son una misma cosa?

El film se estructura en tres partes que se corresponden con la infancia, la adolescencia y la entrada en la madurez de Silvia (interpretadas respectivamente por Irene Cervantes, Ainhoa Quintana y Michelle Jenner), siendo esta última etapa la que ocupa la mayor parte del metraje. Cuando Silvia no sólo toma conciencia de su drama sino que comienza a afrontarlo. De ahí la proverbial escena del ensayo de la “Nana” de Manuel de Falla con su amiga Maite (Nuria Gago) que la protagonista interrumpe abruptamente para arrancar de su violonchelo, de manera compulsiva, la notas de una partita de Bach. Metáfora con la que el cineasta marca la ruptura de la inocencia que deja paso a la madurez.

Armendáriz maneja con gran talento un tema arriesgado concibiendo un sutil y original ejercicio de estilo con reminiscencias estéticas del cine francés. Desde la puesta en escena al propio tratamiento de la fotografía. De hecho, parte del film está rodado cámara en mano que el cineasta sitúa en todo momento a la altura de los ojos de Silvia. Porque ese es el punto de vista de la película: el del itinerario silencioso de un ser marcado por el dolor.

Carlos Tejeda
(1) Artículo publicado en la página web de Kane3 [29 de abril, 2011]

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