‘TRIBUNAL’: Un poeta acallado por el sistema

 

Aquella célebre frase de Giuseppe Tomasi di Lampedusa que venía a decir “que todo cambie para que todo siga igual” puede servir para trazar una primera aproximación de Tribunal, excelente opera prima del joven realizador indio Chaitanya Tamhane. De hecho, es una de las ideas que gravitan en sus imágenes, en sus diálogos, aunque en ocasiones de forma soterrada, porque a pesar de la declaración de independencia de la India el 15 de agosto de 1947 dejando atrás más de un siglo de dominación británica, a pesar de los avances, tanto sociales como tecnológicos, y en un tiempo presente dominado por los teléfonos móviles y los ordenadores, todavía sigue siendo un país que se rige por leyes y costumbres arcaicas, obsoletas. Un pasado aún latente que se pone de relieve en el propio lenguaje de sus habitantes, en el que conviven los diferentes idiomas nativos con el inglés.

Una sociedad contradictoria en la que también sigue vigente el miedo a la diferencia, a todo aquel que se salga de lo que entiende por “normalidad”, es decir, frente al individuo que lucha por un mundo más equitativo, que denuncia la injusticia y los abusos, un individuo a quien el poder tacha de elemento subversivo, a quien tratan de silenciar por medio de triquiñuelas legales. Es lo que le sucede a Narayan Kamble (Vira Sathidar) un sexagenario profesor y cantante tradicional con un largo historial en su pasado como activista y quien es acusado de haber provocado con la letra de una de sus canciones el suicidio de un trabajador, cuyo cadáver ha aparecido en los alcantarillados de la ciudad, tras su actuación en público donde interpretó precisamente aquella canción. Una acusación tan absurda como el propio proceso judicial que se lleva a cabo contra el poeta, que se prolonga durante varios meses con falsos testigos, testimonios tergiversados y razonamientos incoherentes.

Tamhane concibe una minuciosa radiografía sobre la realidad actual de su país que sostiene sobre cuatro personajes que en cierta manera vienen a representar las diferentes tipologías o estratos sociales. Además de la figura del artista en el viejo Kamble, su abogado defensor, Vinay Vora, a quien pone rostro Vivek Gomber, también productor del film, un letrado treintañero que representa a esa minoría que posee un nivel alto de vida, que escucha jazz en su automóvil, viste de manera elegante, va a sofisticados clubs nocturnos donde hay actuaciones en vivo como aquella de una cantante que interpreta canciones portuguesas o acude a buenos restaurantes con sus padres, porque Vinay es un hombre soltero, hecho que preocupa a su madre, quien está deseosa de que encuentre una chica y se case.

Un estatus social que dista mucho del que tiene la rigurosa e inflexible fiscal Nutan (Geetanjali Kulkrani), que pertenece a la clase humilde, porque ella, tras finalizar su jornada en los juzgados, al regreso a su casa, recoge a su hijo del colegio para después encargarse de las tareas domésticas como preparar la cena a su familia que, mientras tanto ve la televisión. Tamhane también muestra sus ratos de ocio, porque ellos también salen a comer, aunque sea en un fast food, y acuden a espectáculos, aunque sean representaciones teatrales que, en tono de comedia, tratan los clásicos enredos entre padres e hijos. Y por último, el juez (Pradeep Joshi) que vendría a representar a la clase media, la que pasa sus vacaciones junto con su familia y sus amigos en un lugar de recreo para veraneantes.

Tribunal posee ese carácter de fresco compuesto por tableaux vivants, ya que Tamhane utiliza la toma larga fija que se convierte prácticamente en la unidad de tiempo de la película, porque el movimiento es el de los propios personajes dentro del encuadre. Estrategia que le permite al joven cineasta ir captando los numerosos matices que van sucediendo tanto en la sala como durante la cotidianidad de cada uno de los protagonistas. Pero también una estrategia para enfatizar el estatismo de los pleitos, la lentitud de los trámites, de los procesos, ese estancamiento en el que sigue sumida aquella sociedad y que tampoco difiere mucho de otras sociedades como la europea.

Carlos Tejeda
· Artículo publicado en el suplemento cultural It’s Playtime [12 de marzo, 2016]

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