EL NIÑO QUE CAMBIÓ CIEN SOLDADITOS DE PLOMO POR UN PROYECTOR DE JUGUETE

· Llueve sobre nuestro amor (Det regnar pa var kärlek, 1946)
· Barco a la India (Skepp till Indialand, 1947)
· En el umbral de la vida (Nära livet, 1957)
Dirigidas por Ingmar Bergman
Editadas en DVD por Manga Films.

Del ímpetu juvenil

Tras el fracaso de su primer film Crisis (Kris, 1945), cae en las manos del joven Ingmar Bergman la adaptación de Herbert Grevenius sobre una pieza teatral de Oskar Braathen llamada Bra mennesker (Buenas gentes). Por encargo del productor Lorens Marmstedt, el incipiente director reescribe el guión: “Es posible que no mejorara mucho, pero al menos logré romper el grisáceo tono cotidiano, lo que quizá fue una ventaja”[1]. Optimismo que desprenden sus imágenes pues, a pesar de que Llueve sobre nuestro amor es un film sobre la fatalidad, está concebida a modo de fábula: el narrador de la historia es un hombre con un paraguas (Gösta Cederlund), “Tal vez un ángel” como expresa Maggi (Barbro Kollberg) a David (Birger Malmsten), y que hace las veces de maestro de ceremonias. Así mismo el relato, cuyo leit motiv es la melodía de una cajita de música, está dividido en varios episodios marcados por unos rótulos con ilustraciones anticipando los acontecimientos que se van a narrar.

A ello se suma el particular elenco de personajes que rodean a la joven pareja protagonista: la peculiar anciana Hanna Ledin (Julia Caesar), los dos extravagantes vendedores (Sture Ericson y Ulf Johansson) o Purman (Gunnar Bjönstrand)[2], un enclenque funcionario que les comunica la expropiación de la cabaña que les ha alquilado el miserable Hakansson (Ludde Gentzel). Maggi y David habían iniciado su vida en común desde el día en que, casualmente, se conocieron en la estación de ferrocarril de una ciudad de provincias. Pero su unión tendrá que hacer frente al peso de sus respectivos pasados, así como a las diversas contrariedades que sufren debido a la hostilidad con la que les recibe una sociedad de la que intentan formar parte.

Sin embargo, Barco a la India (Skepp till Indialand, 1947), film que rueda a continuación de Llueve sobre nuestro amor, es un drama, también basado en una pieza teatral. Pero a diferencia del film anterior, aquí el sentido del humor se transforma en un desgarrador melodrama portuario: tras una ausencia de siete años, el joven y jorobado capitán Johannes (Birger Malmsten) regresa a su villa natal, encontrándose con Sally (Gertrud Fridh), su antiguo amor. Después de ser rechazado por ésta, y tras horas de deambular sin rumbo, acaba abandonándose a sus recuerdos tendido en una solitaria playa.

A partir de ahí Bergman desentraña el pretérito que atormenta al giboso marinero por medio de un flashback que ocupa la mayor parte del metraje. Johannes rememora la época cuando trabajaba en el rescate de barcos hundidos bajo las órdenes de su despótico y pendenciero padre, el capitán Blom (Holger Löwenadler). Un día el progenitor instala en el barco a Sally, una joven cantante de music-hall que ha conocido en una de sus múltiples salidas. La corista tendrá que convivir con Alice Blom (Anna Lindahl), la abnegada esposa del viejo capitán y su corcovado vástago, con el que comenzará un idilio tras algunas reticencias. Rivalidad que amplificará la, ya de por si, maltrecha relación entre padre e hijo y que irá in crescendo con la tentativa de suicidio del patriarca después de su frustrado intento de acabar con la vida de su primogénito. Pero unos bañistas despiertan a Johannes volviendo la historia al tiempo presente: tras aceptar su pasado el protagonista va en busca de Sally…

Llueve sobre nuestro amor y Barco a la India son películas impregnadas por el hervor juvenil de un cineasta que aún no ha cumplido los treinta años de edad. Imágenes que desprenden el sólido bagaje de un director teatral[3] que comenzaba a cumplir su sueño de hacer cine. Ese que había nacido en una Nochebuena, cuando con tan solo ocho años de edad contempla, decepcionado, el pequeño proyector de juguete que le han regalado a su hermano mayor. Pero Ingmar no desiste en su empeño y esa misma noche le despierta proponiéndole un trato: «Le ofrecí mis cien soldados de plomo a cambio del cinematógrafo. Como Dag tenía un gran ejército y siempre estaba enzarzado en asuntos bélicos con sus amigos, llegamos a un acuerdo satisfactorio para los dos. El cinematógrafo era mío»[4].

Sea como fuere, son ejercicios de aprendizaje, como ha confesado el director en más de una ocasión, dotados de un cierto barroquismo tanto en lo visual como en lo narrativo, en los que queda patente el brío de un Bergman más preocupado por dominar las estrategias del lenguaje cinematográfico. Aunque, al mismo tiempo, son trabajos en los que se prefiguran algunos esbozos temáticos y visuales que caracterizarán su obra posterior: los conflictos internos de unos seres que estallarán al colisionar con el entorno, sea en el seno de la pareja, en el ámbito familiar o en el contexto social: es el oscuro pasado de David o el embarazo de Maggi de un encuentro con un desconocido, además de sus esfuerzos por integrarse en una sociedad que les rechaza en Llueve sobre nuestro amor; pero también es el propio Johannes, atormentado por una anomalía física que acrecienta, si cabe aún más, el desprecio de su padre hacia él en Barco a la India.

Disyuntivas acentuadas por las complejas personalidades de unos individuos en busca de su lugar en el mundo y cuyo miedo a la soledad hace que, en algunos casos, toleren situaciones insólitas como Alice Bloom, la madre de Johannes, que acepta con resignación la presencia de la cantante con tal de que su marido no le abandone. Talento que también aflora en la concepción visual de la puesta en escena caso de secuencias como la del juicio en Llueve sobre nuestro amor o el intento de suicidio del capitán Blom en Barco a la India. Dos momentos cuya intensidad dramática está subrayada por una iluminación contrastada con claras influencias del realismo poético francés, y más en concreto de su admirado Marcel Carné cuyo film, El muelle en brumas (Quai des brumes, 1938), se encontraba entre sus títulos favoritos.

Además Llueve sobre nuestro amor entraña una pequeña curiosidad: al comienzo del juicio contra la pareja, el juez lee, entre otros datos, la fecha de nacimiento de David, el 14 de julio de 1918, precisamente el día, mes y año en que nació el propio Bergman. Quizá una cuestión del azar, o puede que una identificación premeditada del director con el protagonista ya que, como su personaje, fue un hombre en permanente conflicto con su entorno. Pero su mirada aún es optimista y, a pesar de las adversidades, hay cabida para la esperanza.

a la madurez de la mirada.

Bergman es ya un reputado cineasta gracias a títulos como Un verano con Mónica (Sommaren med Monika, 1952) o Sonrisas de una noche de verano (Sommarnattens leende, 1955) cuyo premio en Cannes aumentó su fama internacional. Tras consolidar su prestigio con El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1957), rueda Fresas salvajes (Smultronstället, 1957) una reflexión sobre la existencia desde el punto de vista de Isak Borg (Victor Sjöström), un viejo profesor en las postrimerías de su vida. Preocupaciones que muestra desde otra perspectiva en su siguiente trabajo, En el umbral de la vida (Nára livet, 1957), una historia que gira en torno al nacimiento.

El film se abre con la llegada de Cecilia Elius (Ingrid Thulin) que sufre un aborto. Adversidad a la que se suma su crisis matrimonial con Anders (Erland Josephson). Tras el trance, es trasladada a la habitación en la que se hallan internadas Stina Andersson (Eva Dahlbeck), una mujer cuya ilusión por dar a luz comparte con su marido Harry (Max Von Sydow), y Hjördis Petterson (Bibi Anderson), futura madre soltera decidida a interrumpir su embarazo. Encuentro que sirve a Bergman para trazar otra lúcida reflexión sobre la psicología humana a través de tres enfoques diferentes ante la natalidad, acontecimiento que significará un punto de inflexión en la vida de cada una de las tres protagonistas.

Cecilia desea tener a su hijo, con la esperanza añadida de que puede ayudar a salvar su matrimonio con Anders, un profesor universitario entregado a su trabajo que no muestra demasiado interés por su paternidad. Actitud opuesta a la situación de Stina y Harry, una pareja de apariencia menos intelectual que la anterior que vive cada minuto con gran intensidad, algo que la cámara de Bergman retrata con extraordinaria sencillez a través de sus gestos, de sus conversaciones sobre cosas corrientes. O incluso del futuro, cuando el marido le cuenta que ha ideado una pequeña estantería para el baño de su hijo y que esboza sobre un papel. Y por último la joven Hjördis que piensa en abortar pues el padre se ha desentendido de ella, a pesar de su llamada telefónica en un último intento desesperado por arreglar la situación. Alrededor de ellas girará la enfermera Brita (Barbro Hiort af Ornäs), quien hará en cierto modo las veces de confesora de las tres embarazadas.

En el umbral de la vida marca un paso más allá en cuanto a la representación conceptual y estética de Bergman que alcanzará cotas mayores en films como Persona (Persona/Manniskoätarna, 1966), La hora del lobo (Vargtimmen, 1967) o El rito (Riterna, 1968), por citar algún ejemplo: el minimalismo estético, es decir, una puesta en escena casi abstracta, en cuanto a la simplicidad visual por la escasa presencia de elementos de atrezzo, en beneficio de los personajes. Estrategia que permite al cineasta adentrarse en ellos, desnudarlos sin nada que se interponga a su alrededor para así mostrar sus conflictos emocionales en toda su intensidad. Además de concebir unos encuadres con una equilibrada composición entre formas y espacios elevando lo cotidiano a expresión artística. Primeros planos de los rostros, planos medios como el de Cecilia y Hjördis a oscuras sobre la cama, o el de ésta última peinando a Stina. E incluso planos generales como ese de la salida de Hjördis por el pasillo del hospital: una vez resuelto su dilema la cámara se distancia dejando que la vida siga su curso.

Varias décadas después, Bergman volvió a contemplar la película en su cine de la isla de Farö: «En el umbral de la vida estaba, por tanto, exactamente como se oyó y se vio el día del estreno, 11 de marzo de 1958, y ahora yo estaba solo sentado en la oscuridad, impasible y solo. Lo que vi fue una historia bien contada, algo prolija, de tres mujeres en una habitación de hospital. Todo era sincero, cálido e inteligente, en general extraordinariamente interpretada, demasiado maquillaje, la peluca espantosa de Eva Dahlbeck, a trozos una lamentable fotografía, un tono a veces demasiado literario. Al terminar la proyección me quedé sorprendido y algo irritado: de pronto me gustaba esta vieja película»[5].

Carlos Tejeda
Copyright La hija de Laughton S. L. (Kane3)

Web oficial de Ingmar Bergman: www.ingmarbergman.se

NOTAS

[1] BERGMAN, Ingmar. Imágenes. Barcelona, Tusquets, Colección Fábula,  2001, p. 117.

[2] Es el primer trabajo cinematográfico de Gunnar Björnstrand (1909-1986) con Bergman convirtiéndose, a partir de ese momento, en uno de los intérpretes habituales de sus películas. Uno de sus papeles más conocidos fue el de Jöns, el escudero de Antonius Block (Max von Sydow) en El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1957). Bajo las órdenes del director sueco desempeño tanto roles principales –Como un espejo (Sasom i en spegel, 1961), Los comulgantes (Nattvardsgasterna, 1962) o El rito (Ritterna, 1968)-, así como de reparto: Noche de circo (Gycklarnas afton, 1953), Sonrisas de una noche de verano (Sommarnattens leende, 1955), Fresas salvajes (Smultronstället, 1957), El rostro (Ansiktet, 1958), El ojo del diablo (Djävullens öga, 1960), Persona (Persona/Manniskoätarna, 1966), La verguenza (Skammen, 1968), Cara a cara…al desnudo (Ansikte mot ansikte/Face to face, 1975), Sonata de otoño (Höstsonaten, 1978) o Fanny y Alexander (Fanny och Alexander, 1982), entre otras.

[3] Bergman fue un reputado autor teatral. La primera obra que estrenó fue La muerte de Kaspar (Kaspers död) en 1942, en el Studentteater de la Universidad de Estocolmo. A esta le siguieron otras piezas como Tívoli (Tivolit) presentada en 1943, Raquel y el acomodador de cine (Rakel ochbriografvaktmästaren) en 1946, Para darme miedo (Mig till skräck) en 1947 o Pintura sobre tabla (Trämalning) en 1955 en el Malmö Stadtsteater y que adaptará al cine dos años mas tarde bajo el título de El séptimo sello.

Como director de escena realizó más de 170 producciones para teatro, radio y televisión. Entre sus montajes teatrales se encuentran el Macbeth de Shakespheare (en 1940, 1944 y 1948); El pelícano de Strindberg (1945); Calígula de Camus (1946); Divinas palabras de Valle-Inclán, estrenada en 1950, en el Göteborgs Stadsteater; La ópera de tres penikes de Brecht (1950); Seis personajes en busca de autor de Pirandello en 1953, en el Teatro Municipal de Malmö; o sus numerosas representaciones para el Dramaten: La gaviota de Chejov (1961), ¿Quien teme a Virginia Wolf? de Albee (1963), Woyzeck de Büchner (1969), El sueño de Strindberg (1970), El pato salvaje de Ibsen (1972), La sonata de los espectros de Strindberg (en 1973 y en 2000), El rey Lear (1984) y Hamlet (1986) de Shakespheare, Largo viaje hacia la noche de O’Neill (1988), La casa de muñecas de Ibsen (1989), El misántropo de Molière (1995), etc.

A ello se suma los cargos que desempeñó como director de varios teatros: el de Hälsinborg (1944-46), Göteborg (1946-49), el Municipal de Malmö (1952-1959) o el Teatro Real de Estocolmo (Dramaten) entre 1963 y 1966.

[4] BERGMAN, Ingmar. Linterna mágica. Barcelona, Tusquets, Colección Fábula, 2001, p. 25.

[5] BERGMAN, Ingmar. Imágenes. Op. cit, p. 266.

Llueve sobre nuestro amor (Det regnar pa var kärlek, 1946)
Dirección: Ingmar Bergman.
Productor: Lorens Marmsted.
Guión: Ingmar Bergman y Herbert Grevenius a partir de la obra teatral Bra mennesker de Oskar Braathen.
Fotografía: Göran Strindberg y Hilding Bladh.
Música: Erland von Kock.
Dirección artística: P. A. Lundgren.
Montaje: Tage Holmberg.
Intérpretes: Barbro Kollberg (Maggi), Birger Malmsten (David), Gösta Cederlund (el hombre del paraguas), Ludde Gentzel (Hakansson), Douglas Hage (Andersson), Hjördis Petterson (Sra. Andersson), Benkt-Ake Benktsson (fiscal), Sture Ericson (Kängsnöret), Ulf Johansson (Stalvispen), Julia Caesar (Hanna Ledin), Gunnar Björnstrand (Sr. Purman), Eric Rosen (Juez), Magnus Kesster (Mecánico de biciletas), Ake Fridell (Pastor).

Barco a la India (Skepp till Indialand, 1947)
Dirección: Ingmar Bergman.
Productor: Lorens Marmsted.
Guión: Ingmar Bergman basado en la obra teatral de Martin Soderkjelm.
Fotografía: Göran Strindberg.
Música: Erland von Kock.
Dirección artística: P. A. Lundgren.
Montaje: Tage Holmberg.
Intérpretes: Holger Löwenadler (Capitán Blom), Anna Lindahl (Alice Blom), Birger Malmsten (Johannes Blom), Gertrud Fridh (Sally), Naemi Brise (Selma), Hjördis Petersson (Sofi), Lasse Krantz (Hans), Jan Molander (Bertil), Erik Hell (Pekka), Ake Fridell (director del music-hall).

En el umbral de la vida (Nära livet, 1957)
Dirección: Ingmar Bergman.
Productor: Gösta Hammerbäck.
Guión: Ingmar Bergman y Ulla Isaksson basados en el relato de la segunda, Det vänliga värdiga.
Fotografía: Max Willen.
Dirección artística: Bibi Lindstrom.
Montaje: Carl-Orlov Skeppstedt.
Intérpretes:Eva Dahlbeck (Stina Ansersson), Ingrid Thulin (Cecilia Ellius), Bibi Andersson (Hjördis Petterson), Barbro Hiort af Ornäs (Brita), Erland Josephson (Anders Ellius), Max von Sydow (Harry Andersson), Gunnar Sjöberg (Dr. Nordlander), Anne-Marie Gyllenspetz (Gran), Ina Landgré (Greta Ellius).

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