“REGRESO A ÍTACA”: confidencias desde la terraza

Regreso

Laurent Cantet y el novelista Leonardo Padura escriben un guión inspirados en el libro del segundo, La novela de mi vida (Tusquets, 2002), articulando una sólida y emotiva pieza de cámara sobre la vida y la realidad cubana actual a través del reencuentro de cinco amigos en una azotea de la habana.

Llegará un día que nuestros recuerdos serán nuestra riqueza», escribió el poeta Paul Géraldy. Y Marcel Proust apuntó que «Ciertos recuerdos son como amigos comunes, saben hacer reconciliaciones». En cierta manera son dos citas que pueden servir para trazar una primera aproximación al espíritu del film dirigido por Laurent Cantet, porque Regreso a Ítaca es la crónica de un reencuentro de viejos amigos que rondan los cincuenta años de edad en una azotea de La Habana con vistas al malecón y al mar. Un film que navega por las directrices de esa suerte de género de películas, si es que se le puede llamar así, sobre amigos que se reencuentran al cabo de los años como, por citar algunos títulos destacados, Reencuentro (The big chill, Lawrence Kasdan, 1983), Los amigos de Peter (Peter’s friends, Kenneth Brannagh, 1992), Beautiful girls (Ted Demme, 1996), Las invasiones Bárbaras (Les invasiones barbares, 2003) en la que el cineasta canadienseDenys Arcand volvía a juntar al grupo de amigos que se reunían también en El declive del imperio americano (Le déclin de l’empire américain, 1988) o Pequeñas mentiras sin importancia (Les petits mouchoirs, Guillaume Canet, 2010.

Sea como fuere, aunque el film de Cantet navega por otras directrices, sigue un esquema argumental similar a los títulos citados en cuanto a que ese encuentro, que aquí es en una azotea, comienza de manera festiva, con las primeras manifestaciones de alegría por el reencuentro después de tantos años. Luego la remembranza de las andanzas estudiantiles, las anécdotas o los chascarrillos, hasta que esa distensión inicial se va transformando en una suerte de confesionario donde unos y otros empiezan a hablar de sus aspiraciones truncadas, en lo que han conseguido o en lo que se han convertido y que nada tiene que ver con aquellos anhelos de juventud…

·  Artículo completo en It’s Playtime
Carlos Tejeda

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