“SUEÑAN LOS ANDROIDES”: Cuando el futuro es presente, pero también pasado

Sueñan los androides
Presentada en el Festival de Sevilla, seleccionada en el Festival de Berlín dentro de la sección paralela Berlinale Forum y film que clausuró el IV Festival de Cine Márgenes, Sueñan los androides (Androiden träumen) es una tan arriesgada como sugerente fábula apocalíptica que navega entre la ciencia‒ficción, el film noir y la comedia negra.

Por su forma de tocar, Ornette Coleman había recibido al principio de su carrera duras críticas desde los sectores más puristas. Incluso hubo quienes le acusaron de asesinar el jazz cuando el avispado productor de la casa Contemporary, Lester Koening, le produjo sus dos primeros discos, Something else (1958) y Tomorrow is the question! (1959) cuyos títulos, que se podrían traducir respectivamente por “Otra cosa” y “Mañana es la cuestión”, parecían ser un presagio de lo que se consolidaría después en su sexto álbum, Free Jazz: a collective improvisation (1960), que, como su epígrafe subraya, significará la eclosión de la que será una innovadora forma de entender del jazz. Una forma que enseguida inspirará a otros músicos coetáneos al saxofonista, como Albert Ayler o el mismo John Coltrane, cuya última etapa de su carrera transitaría por esas directrices. Sea como fuere,Coleman había hecho saltar por los aires las tradicionales arquitecturas armónicas así como el concepto de melodía y de la propia improvisación, que habitualmente se establecía sobre los acordes, para transitar con plena libertad por nuevos espacios sonoros marcados por el uso de la atonalidad, la liberación de la métrica o los cambios de tempo.

Y ese es, en cierta manera y salvando las distancias y las diferencias, el espíritu que impregna un ejercicio como Sueñan los androides (Androiden träumen) en su voluntad por ir más allá de los territorios narrativos tradicionales para explorar otras formas, digamos, más atonales. Una vía inédita, o cuanto menos original, que ya se perfilaba en el largometraje El futuro (2013), cuyo responsable, Luis López Carrasco, así mismo co‒fundador del colectivo audiovisual Los hijos, participa en las tareas de producción del que es el segundo largometraje de Ion de Sosa, tras True love (2011).

Sueñan los androides (Androiden träumen), cuyo título es una alusión a la novela de Philip K. Dick que sirvió de base a Ridley Scott para Blade Runner (1982), transcurre en el año 2052, cuando los humanos han sido reemplazados por androides en una desoladora ciudad fantasma que en realidad es Benidorm. Entre sus calles desiertas, edificios deshabitados, a medio construir o simplemente asépticos, y que vienen a ser una suerte de alegoría de la España de hoy en día, deambulan una serie de variopintos personajes entre los que se encuentran una pareja joven y su recién nacido, un homosexual y un hombre trajeado que va disparando a todo androide que se cruza por su camino y que posee ciertos toques que pueden traer reminiscencias de ese otro asesino encarnado por Alain Delon en El silencio de un hombre (Le samouraï, JeanPierre Melville, 1967). Al fin y al cabo, tanto la película de Melville como la de Sosa, transitan por caminos conceptuales similares en el sentido de que son dos tramas impregnadas de una desnudez formal llevada al límite, independientemente de sus diferencias estilísticas. Todo ello combinado con otras figuras que posan impasibles ante la cámara en sus respectivos hogares decorados con elementos kitsch y las imágenes familiares del pasado, que afloran cada vez que es abatido un androide y que son enfatizadas musicalmente por antiguas coplas.

Escrita por el propio de Sosa junto con Jorge Gil MunárrizChema García Ibarra, Sueñan los androides (Androiden träumen) utiliza una línea conceptual similar a Alphaville (Lemmy contra Alphaville) (Alphaville, une étrange aventure de Lemmy Caution, 1965) de JeanLuc Godard en el sentido de que el cineasta francés concibe una fábula futurista utilizando como escenarios naturales algunos de los edificios de arquitectura moderna de París, jugando al mismo tiempo con el encuadre y la iluminación y sin utilizar artificios ni efectos especiales de ningún tipo. Sin embargo, Sosa le ha imprimido a la trama un mayor carácter minimalista, acentuado en parte por el escaso uso de diálogos y el empleo de estrategias del cine documental, así como por los propios escenarios de Benidorm a los que les saca un gran partido para crear esa atmósfera de carácter apocalíptico como pocas veces se ha visto en el cine español.

Porque Sueñan los androides (Androiden träumen) es una crónica donde aflora el pasado, en forma de recuerdos, en un presente que también es pasado y a la vez futuro. Porque las cosas en realidad no han cambiado. Y Benidorm es quizá su mejor metáfora.

Carlos Tejeda
·  Artículo publicado en el suplemento cultural It’s Playtime [16 marzo, 2015]

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