‘CORAZONES DE ACERO’: UN TANQUE LLAMADO FURY

Brad Pitt;Shia LaBeouf;Logan Lerman;Michael Pena;Jon Bernthal

A pesar de algunos altibajos, Corazones de acero es un consistente drama bélico que pone de relieve el talento de David Ayer como director. Una suerte de diario de guerra visto a través de los ojos de la tripulación de un carro de combate en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial

Uno de los misterios de muy larga y enraizada tradición en este país reside en esa peculiar manera de traducir los títulos, llegando en ocasiones a convertirse casi en un despropósito hacia la propia película porque ha habido casos que en el mismo se daba la clave de la historia, como sucedió conRosemary’s baby (Roman Polanski, 1968) que aquí le adjudicaron el epígrafe de La semilla del diablo. Algo así sucede con Corazones de acero que solo por el título mismo, si no se tiene información previa, puede incitar a pensar en el típico melodrama de superación, cuando en realidad se trata de un drama bélico y que en este caso puede resultar algo desconcertante, pues el original, Fury, posee un doble sentido, ya que no solo es el apodo del tanque Sherman que, junto con sus cinco ocupantes, acaba convirtiéndose en una suerte de sexto personaje del film, sino que también posee ese sentido metafórico en referencia al estado anímico del grupo protagonista.

Una vez superada esa traba inicial, el quinto largometraje de David Ayer viene impregnado no solo con el propósito de ofrecer una nueva visión de la contienda, sino con vocación de ser una película de autor. Porque una de las intenciones del cineasta norteamericano es alejarse de las pautas clásicas del género bélico, que normalmente giran en torno a misiones de combate, para mostrar un fresco más realista del campo de batalla, tratando de desmitificar al mismo tiempo esa aureola de heroísmo que impregnan muchas de aquellas. De hecho, Corazones de acero sigue una estructura narrativa similar a Das boot. El submarino (Das boot, 1981), en la que Wolfgang Petersen describía el día a día de la tripulación de un submarino mostrando en toda su crudeza las incidencias a las que se enfrentaba durante una misión de patrulla, desde torpedear un convoy o sufrir el ataque de un avión enemigo que les obligaba a sumergirse para reparar los daños, hasta acciones tan habituales como hacer escalas de abastecimiento o enfrentarse a los imprevistos climáticos. Al igual que Corazones de aceroque, salvando las diferencias, relata los avatares de cinco soldados dentro de un carro de combate a lo largo de algo más de una jornada, en las postrimerías de la guerra, cuando las tropas aliadas atraviesan Alemania en dirección a Berlín. Un viaje en el que sufren emboscadas, en el que las órdenes varían según van avanzando, en el que destruyen tanques enemigos a su paso o en el que toman pequeñas localidades en su camino hacia la capital. Es decir, dos relatos divididos en varias partes diferenciadas que, a modo de movimientos, cada uno con sus respectivos niveles de intensidad, les confieren un cierto carácter de sinfonía, solo que, como es lógico, con las diferencias lógicas de estilo…

Artículo completo en It’s Playtime

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