LAS MEJORES PELÍCULAS DE 2014: 2, ‘PERDIDA’, DE DAVID FINCHER

gone girl

Mas allá del aparente carácter de thriller que emana en su comienzo, Perdida acaba transformándose en una tan inquietante radiografía de la sociedad actual americana como en un sórdido y hasta maquiavélico juego de apariencias donde se pone de manifiesto que la única certeza es que casi todo es una gran mentira, aunque esta esté disfrazada de buenos propósitos.

Si hay un talento que posee todo ser humano y sin distinción alguna, ese es su más que probada capacidad para el manejo del arte del engaño. Algo que, quizá casi de manera inconsciente, se practica en la cotidianeidad del día a día. Un fingimiento que se ha acrecentado a raíz del surgimiento de las redes sociales. Porque en el fondo cualquiera acaba convirtiéndose en su vida real en un ser virtual, en el sentido de que se crea una falsa imagen sobre si mismo, incluso ante sus propios allegados. Aquella que le gustaría ser pero que en realidad no es, pues en el fondo, y también en la superficie, cada individuo tiene sus fisuras. Fisuras que se ocultan, porque el ser humano necesita del ser humano, aunque sea por esa necesidad de reafirmarse a sí mismo, aunque para ello tenga que aparentar lo que en realidad no es.

Cierto es que todo humano desea agradar, como también trata de que las cosas naveguen a su favor, aunque tenga que recurrir al disimulo para establecer relaciones con otros seres humanos, porque no hay nadie, y ese es uno de los dramas del hombre, que no sienta temor a la soledad. Lo que le lleva a veces a convertir su propia existencia en una compleja farsa con tal de lograr su objetivo. Una farsa que conduce al autoengaño, a tratar de mostrar lo que en realidad no se es, sea ante los suyos o en las mismas redes sociales donde se cuelgan imágenes de cuando se tenían veinte años de edad, como si ello fuese un pasaporte para conseguir aumentar la lista de amigos, aunque estos sean virtuales y a muchos de ellos jamás se les llegue a conocer en persona.

Sin embargo Perdida no va de redes sociales, pero si de engaños, de artimañas, de tretas, de ardides, de fingimientos. Todo quizá por mantener un estatus, una bonita casa con jardín, un automóvil de lujo o una ropa de marca, aunque bajo esa bucólica fachada haya un escritor fracasado que vive de las ganancias de un bar. Pero aún así esa imagen contribuye a mantener las apariencias, a enaltecer, si se puede decir así, una posición privilegiada que en realidad es tan espuria como falsa. Porque ese aparente e idílico disfraz sirve tan solo para ocultar las miserias y las debilidades…

Artículo completo en It’s Playtime

Las mejores películas de 2014 según It’s Playtime

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