‘DIPLOMACIA’: EL CÓNSUL Y EL GENERAL CON PARÍS AL FONDO

diplomatie copia

Adaptación de la obra teatral del dramaturgo Cyril Gély  que precisamente representaron en su día los propios Niels Arestrup y André Dussollier sobre los escenarios parisinos, Diplomacia (Diplomatie, 2014) es la crónica de una conversación que transcurre durante una noche, o si se quiere, de cómo impedir un acto de barbarie con tan solo el uso de la palabra.

Los deseos de venganza de Hitler habían aumentado tras el atentado que sufrió el 20 de julio de 1944. Pocas semanas después, el 7 de agosto, nombró al general Dietrich von Choltitz gobernador del «Gross París» a quien dio orden expresa de impedir que la capital cayese en manos del enemigo con la obligación implícita de convertirla en ruinas si así fuese. Pero al parecer el jerarca nazi no deseaba su destrucción, como también era consciente de la situación de debilidad en la que se hallaban sus tropas y de una guerra que ya en aquellos días estaba más que perdida. Incluso durante su breve mandato hubo una sublevación de la resistencia parisina que resolvió firmando una tregua con los insurrectos. Hasta que en la noche, del 24 al 25 de agosto, cuando la división blindada al mando del general Leclerc se halla a las puertas de la ciudad, el cónsul sueco Raoul Nordling se presenta de incógnito en su habitación del Hotel Meurice para tratar de disuadirle en su intención de cumplir la orden de volar París.

Aunque el personaje de Choltitz, a quien ponía rostro Gert Fröbe, estaba presente en ese otro film que narraba la liberación de la capital francesa, ¿Arde París? (Paris brûle-t-il?, René Clement, 1966), lo cierto es que el episodio no era demasiado conocido hasta que el dramaturgo francés Cyril Gély lo rescató para su obra teatral. Un episodio que, precisamente, transcurre durante esa noche que marca el fin de la ocupación alemana con la llegada de los aliados, al igual que Cenizas y Diamantes (Popiol i diament, Andrzej Wajda, 1958) mostraba esa otra noche que también suponía el punto de inflexión entre el final de la guerra y el renacer de un nuevo tiempo de paz. Aunque más allá de esta circunstancia las diferencias entre ambos títulos son más que notables. Si el film de Wajda reflejaba un cambio generacional que nace de las cenizas todavía humeantes que quedan de la arraigada tradición polaca, la película de Volker Schlöndorff viene a ser un testimonio teatralizado sobre la práctica diplomática, es decir, de las estrategias dialécticas que emplea Nordling (André Dussollier) para convencer, en tan solo unas horas, a Choltitz (Niels Arestrup) para que cancele el plan de destruir Paris…

 Artículo completo en It’s Playtime

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