‘EL AMOR ES EXTRAÑO’: DOS SEÑORES MAYORES SE HAN CASADO

amor

Ira Sachs concibe un ágil y sólido drama salpicado con tintes de humor y en el que se trazan diversas cuestiones como las relaciones de pareja, las diferencias generacionales, la convivencia o el amor en la madurez, aunque aquí es entre dos señores mayores encarnados por unos John Lithgow y Alfred Molina en estado de gracia.

Si hay algo que rebosa El amor es extraño (Love is strange, 2014) es precisamente de naturalidad. Porque natural es el lógico nerviosismo de la pareja formada por el ya septuagenario Ben (John Lithgow) y el sexagenario George (Alfred Molina) horas antes de contraer matrimonio tras casi cuarenta años de convivencia, como con naturalidad se desarrolla la ceremonia en la que reúnen a amigos y familiares, y como son también naturales las relaciones entre todos ellos. Pero de esa naturalidad seguirán haciendo gala los dos protagonistas pese a sus dificultades económicas o los problemas de convivencia que va a generar el tan feliz acontecimiento, ya que la noticia del enlace ha llegado a oídos de la dirección del colegio católico donde George imparte clases de música lo que provocará su despido.

Pero Sachs, lejos de convertir su película en un alegato contra la intolerancia, articula un sugerente fresco coral que, aunque tiene como eje central a Ben y George, se convierte también en un sutil retrato generacional, pues estos tienen que recurrir a sus allegados, los que han estado presentes en su enlace, para que les acojan en sus casas al poner en venta su piso, porque la pensión de Ben resulta insuficiente para acometer los gastos.

Sachs no solo narra las vicisitudes de ambos al tener que llevar una relación a distancia, sino las circunstancias que surgen cuando después de tantas décadas juntos tienen que cohabitar con otras personas que no son ellos mismos. Aunque en el caso de Ben sea con sus propios familiares, lo que provocará algunas contrariedades en la convivencia. Si bien algunas de estas premisas pueden parecer en ocasiones previsibles, en parte porque puede haber personajes y situaciones reconocibles, la habilidad de Sachs en el guión que ha escrito junto con Mauricio Zacharias, así como en la propia puesta en escena, hace que desaparezca tal sensación, no solo al concebir una película equilibrada en la que se han dosificado tanto los elementos de humor como los dramáticos evitando caer en la sensiblería, sino que al mismo tiempo se ha enriquecido la historia con matices y detalles, muchos de ellos elaborados desde la sugerencia…

Artículo completo en It’s Playtime

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