Carlos García–Alix: “Era siempre un trabajo en movimiento, que nunca se cerraba”

Foto: ©AndreaSantolaya

Entrevista a Carlos García–Alix publicada en la revista KANE3 [4 de enero, 2008]

El honor de las injurias (2007) es un excelente documental en el que el pintor Carlos García-Alix narra las vicisitudes de Felipe Sandoval, un oscuro atracador de bancos que acabó abrazando el anarquismo. Sombría y fascinante historia, fruto de una minuciosa labor de investigación, que su director nos desvela en la presente entrevista y que tiene, como complemento, una sugerente exposición que se puede visitar en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid hasta el 20 de enero de 2008. 

— ¿Cómo cayó en tus manos el libro Nosotros los asesinos de Eduardo de Guzmán?
Un grupo de amigos hacíamos a finales de los ochenta y principios de los noventa una revista que se llamaba El canto de la tripulación. Dedicamos un número a Ramón Gómez de la Serna y entre los textos del escritor que incluimos había uno sobre un poeta maldito de principios de siglo que se llamaba Pedro Luis de Gálvez, de quien un amigo, Francisco Rivas, estaba intentando hacer una biografía. Y me pidió que le buscara información sobre los avatares de este poeta durante la guerra. Me dijo que había un libro, Nosotros los asesinos de Eduardo de Guzmán, en el que se hablaba de este poeta antes de ser fusilado en la cárcel de Porlier en la posguerra. Al leerlo me di cuenta que el personaje que más me interesaba de los que aparecían era uno que se llamaba Felipe Sandoval. Me llamó mucho la atención porque era una historia verídica. No era una novela y sin embargo tenía muchos componentes muy novelescos: un personaje oscuro, viejo, enfermo, anarquista que fue detenido en la primera posguerra y con el cual Guzmán se anda con eufemismos para no entrar mucho en su pasado, dejándolo todo en la tiniebla. Empecé a indagar en librerías de viejos y a hacerme con otros libros de Guzmán, a ver si encontraba más información sobre este hombre.

— ¿Y cómo has ido recopilando más datos?
Un libro me va llevando a otro libro. Voy haciendo un seguimiento del personaje y del mundo en el que él se movió a través de una cierta literatura hoy muy olvidada, muy de posguerra. Llegó un momento en que la literatura no parecía dar más de sí y es entonces cuando encuentro un libro llamado Causa general, un resumen muy somero del proceso que Franco a través del Ministerio Fiscal hace a la justicia republicana. El Archivo se encuentra en el Archivo Histórico Nacional y lo componen cerca de 3.000 cajas. Y es en ese libro resumen donde encuentro una nota muy corta sobre Sandoval que decía que había pertenecido durante la guerra a la checa del Cine Europa situada muy cerca de Cuatro Caminos. Aquello me llamó mucho la atención porque este cine era muy especial para mí. Lo frecuenté a menudo durante mi infancia y parte de mi adolescencia. Y descubrir a Sandoval en aquel cine que, además había sido cuartel general de los anarquistas en Madrid, me sorprendió enormemente.

Cine Europa (©El honor de las Injurias)

Pero en un principio este personaje te atrajo sin más. Además antes no habías hecho ninguna película pues escribías y pintabas.
Ni si quiera escribía, yo soy pintor y había hecho una serie de cuadros alrededor de la época de los años treinta que siempre me interesó mucho. Pero en aquel momento no pensaba ni en cine ni en escribir. Fue casi una cosa un poco detectivesca. Al principio tampoco fue algo que siguiera diariamente, pero a la vez, cada noticia que surgía me hacía querer saber más de este personaje…

— Y te atrapó.
Según iba sabiendo más mi curiosidad iba en aumento. Saber que el cine Europa había sido un cuartel de milicias anarquistas me llevó también a preguntarme por la historia de ese cine. Empecé a ir por el barrio, a preguntar a los ancianos, a ir a la asociación de vecinos para hablar con los viejecitos. Todo el mundo me contaba historias de ese cine y me enteré que después de la guerra en su aforo se habían celebrado combates de boxeo, actuaciones de flamenco. Y comencé a recuperar un poco la memoria de un cine de barrio y al tiempo esa memoria me iba devolviendo un mundo para mí muy sugerente.

— ¿Cómo surge la idea de hacer con todo ese material una película?
Hice un libro…

Madrid-Moscú.
Si, alrededor de una exposición de pinturas, pero también fue la primera vez que me lancé a escribir una cosa corta de lo que había sido esta búsqueda. A los pocos meses me llamó una productora que habían hablado con TVE y que les interesaba hacer un documental sobre el tema de Madrid-Moscú. Nunca me lo había planteado, aunque a veces habíamos comentado que la historia tenía una película. Nos plantearon esta posibilidad, pero el tipo de documental que querían hacer, tanto en tiempo como en medios, me pareció bastante pobre, una cosa muy Reader´s Digest, con muy pocos medios. Dije que no. Y una persona de TVE me insinuó que por qué no hacía un proyecto, una memoria de guión y una escaleta y lo presentaba al ICAA. Lo hicimos y finalmente obtuvimos una ayuda.

Desde el principio tenías claro que iba a ser un documental y no una película con actores.
Sí, pero un documental de cierto tipo. Se tenía que mover en un terreno un poco ambiguo entre documental y película, pero el carácter de película no se lo daba tanto la ficción como el collage de distintas películas de esa época. Me explico: si pensábamos que Sandoval es un atracador de bancos de los años treinta, la solución que yo veía era buscar imágenes de cine negro de esa época, europeo, mexicano, uruguayo o de donde fuera y ver qué atracos hay rodados, porque seguro que encontraremos alguno que nos va a cuadrar perfectamente para contar nuestro atraco.

— Porque ésa era otra dificultad, el conseguir material gráfico.
Sí, ése era un gran problema, pero tampoco estaba muy clara la forma definitiva que iba a adoptar el filme. Tenía algunos puntos de partida como que no quería entrevistas, ni color, pero sí que tuviera una unidad narrativa en blanco y negro completa, que funcionara como una película y que pudiera construirla sobre todo a base de un collage de recortes: no sólo de documental de época auténtico, sino también de película cinematográfica genuina de época. Porque ello daba una textura de ilusión de lo que sucedía y que yo pensaba que no lo podíamos ficcionar, que nunca nos quedaría, ni aunque tuviéramos muchos medios… ¿cómo voy yo a ponerme a recrear un atraco de los años treinta? Tendríamos que disponer de unos medios enormes, un vestuario, un banco tal y como era, los coches, todo un mundo que recrearlo sería absurdo para una película de este tipo. Y sin embargo empezamos a encontrar atracos en películas mexicanas que daban totalmente el aire, el olor, la textura de lo que era ese mundo.

Foto: ©AndreaSantolaya

Pero en la película hay algunas escenas que recreasteis.
Sí, habrá un 20 %. Y dentro de esa parte recreada hay un segmento que no es tanto de recreación porque transcurre en un cierto presente: cuando se ven las manos del investigador, las cajas, los papeles, dando una conexión con la investigación al espectador. Al hacerlo en blanco y negro y el hecho de que no aparezcan ordenadores, ni teléfonos, da la idea de un tiempo indeterminado, casi años cuarenta o cincuenta. Esto da una cierta ambigüedad temporal, lo cual me gustaba. Es decir, que hay momentos en que en la historia, ese narrador que aparece en la película, bien sea andando o bien manejando papeles, puede ser del año 2000 o de 1940. No hay un detalle temporal que te vincule al presente. Otra parte que sí está ficcionada es el final de Felipe Sandoval, mientras él escribe su confesión y se precipita hacia su muerte.

Además recurristeis a ciertas estrategias para lograr una cierta veracidad.
Rodábamos en 16mm, en blanco y negro; utilizábamos una película checoslovaca que nos daba un grano tal cual eran las películas de época; las cámaras que estábamos manejando, una Arri y una Bolex, eran las mismas con las que se hacían los Nodos en los años cincuenta. No queríamos rodar en vídeo, ni con ninguna textura electrónica. Pretendíamos que los materiales, de alguna manera, se ensamblaran en ese collage con la mayor coherencia posible con el objetivo de favorecer la ilusión del espectador.

Un recurso que me gustó mucho es que la película comienza con una secuencia en unos archivos, seguidamente pasa a la huida de alguien que, tras el momento de su detención en Valencia, lo traen a Madrid y a partir de ahí, a través de un flashback empiezas a relatar su peripecia. Hasta ese momento, en el que han transcurrido unos 10 minutos, no sabemos que el nombre del protagonista del documental es Felipe Sandoval. Me parece una idea muy acertada de guión.
Estaba bien, porque además yo recuerdo que cuando vi esa confesión, y supe de esa huida en que, después de ser detenido, la policía le obliga a recordar su existencia, me pareció que tenía algo de Ecce Homo: ¡he aquí el hombre! y ahora te vamos a recordar lo que tú hiciste, por dónde andabas y nos lo vas contar. Inevitablemente esa situación en la que el prisionero se enfrentaba a la policía y ésta indagaba sobre su pasado era, digamos, un flashback real, es decir, esta gente se veía forzada a eso, a tener que recordar y contar cual había sido su vida.

Creo que el planteamiento del filme está muy bien desarrollado en el sentido de que la película, poco a poco, va soltando información sobre el personaje: primero con esa fotografía de juventud, luego la policial que es realmente espeluznante, aparte de su biografía, y que, al mismo tiempo, hace que el espectador se vaya sintiendo atrapado por la historia. ¿Todo eso lo tenías pensado desde el principio?
Una de las cosas que le ha dado forma a la película es que se ha ido construyendo sobre la marcha. Era siempre un trabajo en movimiento, que nunca se cerraba. Todos los frentes, guión, documentación, montaje estaban siempre abiertos. Cuando empezamos la película tan sólo teníamos una fotografía de Sandoval.

¿La policial? 
Ni siquiera, ésa viene de París y la hace la policía de allí en 1925. La encontramos cuando casi teníamos media película montada. (Me enseña una foto en el que Sandoval aparece de frente). Ésta es la primera vez que nosotros vimos a Sandoval en Mundo gráfico detenido por los atracos en los años treinta. Ya es un hombre de cuarenta y tantos años, que vive en el Madrid de la República. También teníamos la intuición de que durante el proceso de documentación que llevábamos en paralelo irían saliendo más detalles. Aunque era bastante arriesgado y tuvimos suerte: apareció después la fotografía del sombrero de 1915, la de París de 1925, y luego la que se le ve de cuerpo entero, esposado, caminando…

Felipe Sandoval, 1925 (©El honor de las Injurias)

Porque como es lógico, en el transcurso de la película, siguen saliendo nuevos datos y el guión sufre
… sus cambios. A París fuimos en enero del año pasado por primera vez. La historia de ir allí proviene de un libro de la agencia fotográfica Roger-Viollet, que recoge las fotografías de época de los años veinte y treinta. Es entonces cuando me encuentro una foto policial del asunto Stavisky. Mirándola me doy cuenta de que el hombre que ha rotulado el nombre del detenido, el que ha hecho esa S, ese garabato, es el mismo que ha trazado la S de la foto de Sandoval con sombrero. La caligrafía es la misma y los números, esos sietes largos, son clavados. Eso me certificó que esa imagen de Sandoval era policial y francesa. A partir de ahí la conclusión era evidente: había seguramente un expediente suyo en París.

Y eso hizo que viajaseis a París.
Exactamente. Isabel de las Casas y Lucía Laín hicieron una barrida de todos los archivos de la capital francesa donde podría haber material y pedimos que lo tuvieran dispuesto para tal día. Al día siguiente de llegar nos presentamos en el archivo de Fontainebleau, a 60 kilómetros de París, y encontramos un dossier completo encima de nuestra mesa sobre Felipe Sandoval. Y ahí, al abrir la tapa…

Foto: ©AndreaSantolaya

Aparecieron las fotos.
Pegadas al dorso, cuatro positivos repetidos. La emoción fue increíble. Y luego no sólo eso, sino mucha información precisa y detallada que daba la policía francesa sobre su paso por París.

Pero en esos momentos ya estaba iniciado el rodaje.
Todavía no se había rodado nada. Lo habíamos dejado para el final. Lo que estaba muy avanzado era gran parte del montaje, con material de archivo y fotografía fija además de los huecos en negro, entre medias, que teníamos que filmar. Pero claro, al volver de París tuve que rehacer toda esa parte del guión. Era como una especie de tejer y destejer…

Porque la confesión de Sandoval también estaba en París
No, aquí en Madrid.

— ¿Y la conocías de antes?
La encontré casi al principio de la búsqueda, allá por el año 1998, en el Archivo Histórico Nacional. Su confesión fue el elemento que definitivamente me hizo centrar todo mi trabajo en la búsqueda Sandoval. Pero es una confesión de lo que había hecho en guerra, con lo cual sé mucho de su etapa en el conflicto, del 36 al 39, pero si voy en su vida hacia atrás me doy cuenta que no hay apenas datos. Y es lo que los archivos de París nos daban, su vida entre 1915 y 1926. Pero, de repente, desde ese año hasta 1931 había otra masa oscura. Tenía algo de puzzle, de ir intentando encajar las piezas de lo que íbamos sabiendo hasta al final dar con una forma un poco global.

— ¿Qué impresión te causó esa primera fotografía de Sandoval?
Es un personaje oscuro, muy oscuro. La primera impresión que me dio cuando vi su semblante fue su fealdad, pero por otro lado, pensaba en la terrible dureza que esconde ese rostro, deshuesado, demacrado, totalmente asimétrico. Lo que transparentaba es que su vida había debido ser durísima, muy tormentosa. Y lo que fui sabiendo de él es que fue un anarquista convencido. Hay quien dice que fue un delincuente que se aprovechó de las circunstancias. Los anarquistas consideraban al delincuente, al estafador, un rebelde que se enfrentaba a la estructura social de una manera equivocada e individualista pero que era perfectamente rescatable. Eso hace que mucha gente del hampa se incorpore a las filas del anarquismo. Y creo que Sandoval es el típico ejemplo: sabemos que está detenido por un delito común en Barcelona en 1919 y que cuando sale a la calle es un anarquista convencido que se convierte en pistolero de los sindicatos. Y que en París, en 1922, no sólo es un hombre de acción, sino que da mítines, que va a las librerías, que lleva los mensajes de los anarquistas españoles al periódico francés Le Liberté, que está pendiente del dinero que envían los compañeros de América del norte para los presos… un militante.

Barrio de las Injurias (©El honor de las Injurias)

Aparte fue un hombre que no tuvo formación alguna y que había nacido en un barrio deprimido como el de las Injurias.
Sí, un barrio situado en lo que ahora es Pirámides, en el esquinazo que forman el paseo de las Acacias y el de Yeserías; allí había un barranco muy profundo en cuyo fondo estaban Las Injurias. Era un barrio atroz, mísero, cruzado por lo que se llamaba el Arroyo Negro de Embajadores, que era una cloaca. A 40 o 50 metros estaba el depósito de cadáveres, el barrio, si así se le puede llamar, tenía una mortalidad de casi un 50 %.

Dramáticas circunstancias que influyen en él.
Indudablemente. En primer lugar en la fisonomía del personaje, que arrastrará siempre ese estigma del hambre y la miseria. Es famélico toda su vida, con problemas de salud. Ahora bien, debió de ser un hombre inteligente puesto que, según la primera noticia fidedigna que tenemos de él y una vez pasada su primera juventud, está trabajando de criado en una elegante casa parisina, en la del General Desille. El hecho de vivir en el interior burgués por excelencia y ser ayuda de cámara, es decir, el hecho de haber llegado a ese escalafón de lo que es el oficio de servir, lo único que le faltaba era ser mayordomo, denota que no debía ser un patán. Es decir, de ese contacto con una clase privilegiada, con sus ritos y sus costumbres, él aprende muy rápido. En ese sentido se refina. No es el revolucionario que ataca la burguesía y que desconoce realmente cuales son sus vicios y virtudes. Él los conoce y, además, desde dentro.

¿Y por qué crees que da de repente ese giro?.
En la película ni siquiera respondo a ello, no he querido aventurar hipótesis alguna. ¿Qué es lo que le lleva a ese inesperado giro? Cierto es que es un hombre que ha ido labrándose un futuro para ser un criado elegante, de alto nivel. Y de repente, estafa a su prometida, le quita el dinero y se va con otra mujer desapareciendo de París, tirando por la borda su carrera como criado y convirtiéndose en un fuera de la ley.

Carlos García–Alix y Manuel Domínguez
Foto: ©Andrea Santolaya

— Además, cuando entró en el anarquismo lo hizo por el lado más violento.
Lo que sí sabemos es que tras la estafa en 1916, tres años más tarde se casa con la amante que huyó con el. No sabemos dónde, cuándo, cómo, pero en los registros aparece como viudo. Y que en 1919 está en la cárcel de Barcelona como preso común por un delito de robo y que va a participar en un motín, el de Nadal, y que cuando sale de la misma en 1920 es un anarquista convencido, además de un pistolero. Esto es lo que se sabe por lo que he preferido dejar sobre lo que no sé las incógnitas en el aire. No quería, insisto, novelar. Mi propósito cinematográfico era ir creando un mundo y generando unos interrogantes, ir presentando la evolución de una persona. Hay momentos indudablemente contradictorios, pero yo entiendo que debe ser así, luces y sombras.

De hecho el que queden cosas en el aire es una parte del atractivo, no sólo del personaje, sino de la película lo que hace que cada espectador vaya haciendo su propia idea o sacando sus conclusiones.
Indudablemente. Yo establezco un momento decisivo: cuando Sandoval abandona la cárcel de Barcelona destruido físicamente y absolutamente convencido que él va a ser un anarquista de acción. Es decir, él va a utilizar la violencia para acabar con una clase social a la que hace responsable o causante de la mayoría de sus males y de todo lo demás.

Y durante la guerra, en medio de un estado de caos, Sandoval ejerce un activismo radical.
Durante el conflicto es un hombre mayor, y más para aquella época. Tiene ya 50 años cuando estalla la guerra, por lo tanto no es un hombre que pueda hacer una labor de estar en el frente.

— Pero su actividad se centra en Madrid.
En la lucha de retaguardia, es decir, los hombres que de alguna manera tienen que perseguir, detener, juzgar y ejecutar a los que ellos o sus organizaciones, consideran que son sus enemigos emboscados en la ciudad. Entonces Sandoval se convierte en algo tan antagónico de un anarquista como un policía, un juez y un verdugo. Porque llega a tener hasta una credencial oficial de que pertenece a la comisaría de Buenavista, es decir, llega a tener un papel real de policía al servicio de la revolución. Y eso es lo interesante: cómo un atracador, cuando llega el momento de la revolución, de repente se convierte en un policía.

Foto: ©Andrea Santolaya

¿Y es ahí cuando comete sus primeros delitos de sangre?
No, yo creo que sus primeros crímenes son en la Barcelona de los años veinte. De hecho, en esos años de la lucha contra los pistoleros de la patronal, se habla en las crónicas de la época de un pistolero, del cual nunca se ha sabido el nombre, que llega a asesinar a un inspector de policía de apellido Espejo. Se dice que es un hombre de gran altura y que viste una gabardina gris y que va a ser conocido como el pistolero de la gabardina. Yo estoy casi seguro de que era Sandoval. Años después, en el Madrid de la república, la CNT, que en ese momento está en una posición muy combativa, ve cómo la policía convierte a ciertos hombres de la organización en confidentes que, cuando son detectados, son ejecutados. ¿Quién es el verdugo que se encarga de esas ejecuciones en el Madrid de antes de la guerra? Felipe Sandoval.

Y cuando llegan los nacionales, emprende la huida
Exacto. Pero es un hombre fiel al anarquismo. En el último año de la guerra ha viajado a París y vuelve a la capital. Y pudo quedarse allí pero, sin embargo, regresa. Él está a las órdenes del Comité de Defensa Confederal de Madrid hasta el último día, el 28 de marzo cuando los nacionales están a punto de entrar en la capital. Y esa misma mañana le dicen, como a otros, que viajen a Valencia, ya que allí se encuentran los barcos que les llevarán al exilio. Él obedece esa orden y se va a Alicante. Pero los barcos no llegan, es detenido el 1 de abril y meses más tarde, en junio, conducido a Madrid. Aquí será sometido a una brutal tortura policial debido a la terrible leyenda que había dejado detrás de sí.

— ¿Qué te ha dado el personaje?
De alguna manera un conocimiento, no sólo sobre la historia, sobre una época, sino algo más profundo acerca del hombre, de lo que somos. Porque de alguna manera, y eso es un tema eterno de la literatura, el hombre sometido a unas condiciones extremas arroja fuera tanto algo deslumbrante como algo atroz. En ese sentido, en la presentación de la película en el Círculo de Bellas Artes, Gonzalo García Pino habló de Conrad. Y creo que tiene razón, que Sandoval es un personaje muy conradiano en el sentido de que su vida es un viaje al corazón de las tinieblas.

La película ha sido galardonada con un premio en la sección Tiempo de Historia de la SEMINCI.
Sí,  fue una gran alegría. Porque enviamos la película prácticamente fuera de plazo y no teníamos muchas esperanzas de que la cogieran. Y cuando nos llamaron del comité de selección comunicándonos que había gustado y que nos incluían en la competición ya fue un premio. Además significaba que íbamos a visionar por primera vez la película en una pantalla grande.

También se va a pasar en el Festival de Annecy.
Exactamente. Además vamos al Docs de Barcelona. Y nos estamos moviendo por otros festivales como el de Berlín, donde la hemos presentado para la sección Forum y de la que estamos a la espera. Y claro, buscando también un distribuidor que se interese por ella.

Foto: ©Andrea Santolaya

— Y paralelamente a la película, la exposición “El honor de las injurias. Busca y captura de Felipe Sandoval” que se exhibe en el Centro Conde Duque de Madrid desde el 28 de noviembre y que se puede visitar hasta el 20 de enero de 2008.
Sí, surge un poco como complemento. Es realmente la película la que da lugar un poco a todo. Somos una pequeña productora que no nos podemos permitir una serie de recursos que pueden hacer otras. Teníamos claro que debíamos jugar con nuestras armas dentro de nuestro propio campo, pues venimos del mundo del arte y nos movemos en otro terreno. De ahí que habláramos con el museo del Conde Duque para poder mostrar algunas de las tripas de la película, y por otro lado editar, con el museo, un libro donde se viera algo mío más personal que a lo mejor en la película no aparece, la crónica de cómo he ido llegando al personaje y cómo ha sido ese trabajo hasta llegar a la película.

La exposición, ¿tiene previsto ir a otros lugares?
Nos gustaría, pero ahora, por el momento, lo estamos negociando con diversos centros culturales.

— Una última pregunta. La película la narras con tu propia voz en off. ¿Lo tenías previsto desde el principio?. Sí. No queríamos una voz ontológica típica del documental clásico. Quería una voz subjetiva y que por otro lado se implicara desde la primera persona del verbo, en ese sentido establecía una cercanía con el personaje que de otra manera es muy difícil. Y llegado a ese punto que mejor voz que la mía.

Carlos Tejeda
·  Entrevista publicada en KANE3 [4 de enero, 2008]

· Más información: Dossier CENDEAC

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