RUSS MEYER O LA MIRADA DEL EROTÓMANO

Vixen (Vixen, 1968).
Supervixens (Supervixens, 1975).
Up! -Megavixens- (up!, 1976).
Más allá del valle de las Ultravixens (Beneath the valley of the Ultravixens, 1979).
Recientemente editadas en DVD por Manga Films.

Quizá el mejor retrato que Russ Meyer pudo haber hecho de sí mismo es el de su aparición en el epílogo de Más allá del valle de las Ultravixens recogiendo el testigo del hasta entonces narrador del filme, un rústico granjero cincuentón vestido con pantalones vaqueros de peto. Éste cierra su soliloquio casi al final de la trama para dar paso al cineasta que, a modo de maestro de ceremonias, hace recapitulación de las andanzas de sus personajes mientras deambula con su cámara por un agreste y desértico paisaje. Al fin y al cabo, y parafraseando el título de Trier, él es “el jefe de todo esto” y maneja a su antojo los hilos de esos delirantes seres, fruto de su invención, entregados a los placeres de la carne. Pero Meyer, lejos de una pretenciosa pose de autor se presenta como un risueño y pícaro demiurgo que gusta imaginar maliciosas e inverosímiles travesuras eróticas, aunque en su día le causaron no pocos problemas de cara a su exhibición, y a pesar de que estaban concebidas con humor, picardía y provocación a partes iguales.

Para empezar, son picantes comedias corales de bajo presupuesto pobladas por pintorescos seres de la América profunda. Ellas, envueltas bajo una estética camp, son beligerantes y perspicaces depredadoras de voluminosos pechos: cocineras etíopes, indias ardientes, exuberantes mulatas, morenas insaciables, teutónicas, orientales o amazonas motorizadas caso de Faster, Pussycat Kill! kill! (1965), también recientemente editada en DVD. Personajes femeninos que contrastan con la vulgaridad y la simpleza que desprenden los caricaturescos varones, en su mayoría empleados de gasolineras o chatarrerías de automóviles, patrulleros de policía, camareros, conductores de camiones de la basura, rudos granjeros o toscos leñadores; cuando no, excéntricos y casposos millonarios émulos de Hitler —caso de Up!— o simplemente del nazismo —Mas allá del valle de las Ulravixens—. Pero todos ellos con un pensamiento único: entregarse desenfrenadamente al sexo en cualquier momento y lugar.

Pero Meyer no se recrea en los detalles del ritual como sucede con los explícitos filmes pornográficos al uso. Al contrario, su mirada tiene mucho más de voyeur: al fin y al cabo había sido fotógrafo de la revista Playboy. De hecho, sus películas están concebidas desde la perspectiva del mirón pero con la diferencia de que el cineasta crea su propia fantasía, que luego filma y muestra al público sin pudor alguno. Otra cosa es que quien las contemple se las tome en serio o no. Cierto es que apenas exhibe órganos sexuales en beneficio de la insinuación ya que, para él, es más importante el erotismo del propio acto, sus circunstancias, condiciones o lugares donde se desarrolla: lo mismo sirve un ataúd —donde lo consuma el disparatado ricachón de Más allá del valle de las Ultravixens— o una húmeda y oscura gruta, en la que el citado émulo de Hitler de Up! se somete a una variada tipología de actividades sexuales que incluyen el sadomasoquismo y las prácticas homosexuales. Pero también vale la pedregosa orilla de un río, un viejo granero o el mugriento asiento trasero de un coche patrulla.

Humor enfatizado por la concepción de la acción misma que posee una naturaleza conceptual cercana a los dibujos animados de Tex Avery y al comic. No sólo por el uso de los colores vivos o las caricaturas que hace de sus personajes, sino en cuanto a la propia extravagancia de los acontecimientos: disparatados enfrentamientos en el desierto a golpe de dinamita, duelos con hachas y motosierras o delirantes asesinatos como el de Supervixens, en la que la víctima, tras ser pataleada en la bañera, es electrocutada con un transistor. Todo ello en ambientes que van desde sórdidas poblaciones en medio de estériles parajes a idílicos y frondosos bosques, de lo puramente kitsch en los interiores de las lujosas mansiones a la ramplonería de las modestas viviendas.

Para Meyer el guión es un simple pilar de su estrafalaria y fetichista imaginería. En Vixen es un recatado piloto de avionetas que traslada pudientes parejas que quieren pasar un fin de semana de pesca en los ríos del Canadá mientras su imponente mujer, cuando no retoza con miembros de la Policía Montada o se entrega al incesto con su propio hermano, seduce a los cónyuges que vienen con su marido. Supervixens narra la estrambótica huida del empleado de una gasolinera ante el temor de que le culpabilicen de la muerte de su insaciable amante, crimen cometido realmente por un policía. En su singular peripecia se enredará con todo tipo de ardientes hembras, tanto en polvorientas estaciones de servicio o vetustas granjas como en moteles de carretera. Up! es un peculiar whoudnit donde un acaudalado imitador de Hitler será asesinado, pero Meyer no sigue el proceso de investigación, sino que irá mostrando los más variopintos juegos sexuales entre los sospechosos para acabar con dos ninfas desnudas persiguiéndose en plena naturaleza desvelando a gritos la identidad del culpable. Por último, en Más allá del valle de las Ultravixens, el protagonista tiene problemas para consumar el acto sexual con su voluptuosa mujer por lo que, como remedio a su mal, irá desfilando por diversos brazos femeninos. Es decir, obsesivos seres que navegan entre encuentros ardorosos y violentos enfrentamientos. Historias que contarán con la presencia de explosivas narradoras despojadas de sus ropas, caso de los dos últimos títulos citados.

Ataques contra la moralidad que Meyer desarrolló desde la independencia que le daba el rodar dentro de los parámetros de la serie B. Lo que le permitió no solo dirigir y producir sus películas sino hacer la veces de cámara y montador, controlando de esta manera la totalidad del producto. Y a pesar de ello, de las iras que pudo desatar en la sociedad de la época y las precarias condiciones de exhibición, muchas veces en autocines o pequeñas salas, su obra fue alcanzando con el tiempo carácter de culto, logrando legiones de seguidores entre los que se encuentran cineastas de la importancia de Tarantino, por citar algún nombre.

Y hoy en día, aunque su filmografía pueda desprender cierto anacronismo, además de poseer el aura del mito, más por su imaginería y sus rocambolescos contenidos que por su calidad cinematográfica, lo cierto es que pone de manifiesto el buen oficio de Meyer en el manejo de los recursos estilísticos: planos de poca duración y al mismo tiempo, desde diversos puntos de vista, ritmo ágil o un equilibrado montaje con una eficiente combinación entre las escenas de acción y las secuencias eróticas.

Pero tal vez eso le preocupó menos, pues concibió sus películas como un puro divertimento sin pretensión alguna. Eso sí, impregnadas con la original personalidad de un cineasta que dio rienda suelta con entera libertad a su condición de erotómano.

Carlos Tejeda
Copyright La hija de Laughton S.L. (Kane3)

Vixen (1968)
Director: Russ Meyer.
Productores: Russ Meyer, Richard Brummer, George Costello, Eve Meyer y Anthony-James Ryan.
Guión: Robert Rudelson, a partir de un argumento de Russ Meyer y Anthony-James Ryan.
Fotografía: Russ Meyer.
Música: Igo Kantor.
Reparto: Erica Gavin (Vixen Palmer), Garth Pillsbury (Tom Palmer), Harrison Page (Niles), John Evans (Judd), Vicenne Wallace (Janet King).

Supervixens (1975)
Director, productor y guión: Russ Meyer.
Fotografía: Douglas Kanapp.
Música: William Loose.
Reparto: Shari Eubank (Super Angel/Super Vixen), Charles Napier (Harry Sledge), Uschi Digart (Super Soul), Henry Rowland (Martin Boormann), Christy Hartburg (Super Lorna), Sharon Kelly (Super Cherry).

Up!Megavixens– (1976)
Dirección, producción y fotografía: Russ Meyer.
Guión: Russ Meyer, Roger Ebert.
Música: William Loose y Paul Ruhland.
Reparto: Edward Schaaf (Adolph Schwartz), Robert McLane (Paul), Elaine Collins (a etíope), Candy Samples (La líder), Su ling (Limehose), Janet Wood (Sweet Li’l Alice), Charles Pitts (Clint Ramsey).

Más allá del valle de las ultravixens (1979)
Dirección, producción, fotografía y montaje: Russ Meyer.
Guión: Russ Meyer y Roger Ebert.
Música: William Tasker.
Reparto: Kitten Natividad (Lavonia/Lola Lagusta), Ann Marie (Eufaula Roop), Ken Kerr (Lamar Shedd), June mack (Junkyard Sal), Henry Rowland (Martin Boormann).

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