CRÓNICA DE UN IDEALISTA ATRAPADO

Cenizas y diamantes (Andrzej Wajda, 1958)
Editada en DVD por Notro Films

Quizá Andrzej Wajda no era consciente mientras rodaba Cenizas y diamantes de la rabiosa actualidad que sus imágenes iban a seguir desprendiendo en las décadas siguientes. A lo que se sumó la actitud inconformista ante la cámara de Zbigniew Cybulski que, tras unas gafas oscuras permanentemente pegadas a su rostro a lo largo del metraje, le catapultó a formar parte de la iconografía de aquellos jóvenes airados y contestatarios que surgieron en los años cincuenta, convirtiéndose en esos momentos en el actor más célebre de los países del Este, incluso fuera de sus fronteras. Conducta que sin duda contribuyó a dotarle, no sólo la densidad necesaria que necesitaba su personaje de Maciek, sino al propio espíritu de la película que, basada en la novela de Jerzy Andrzejewski, refleja en cierto modo un cambio generacional.

Tercera película de Wajda y título que cierra su trilogía bélica -después de Generación (1954) y Kanal (1957)- en la que el director revisa la historia reciente de su Polonia natal, Cenizas y diamantes muestra el punto de inflexión, el límite entre dos eras tan antagónicas como el final de una época marcada por la conflagración, en este caso la Segunda Guerra Mundial, y el renacer de un nuevo período, de una mentalidad que trae profundos cambios políticos y sociales desmantelando, al mismo tiempo, la larga y arraigada tradición en la que la nación polaca se había anquilosado durante décadas.

Punto cero que Wajda sitúa precisamente durante una noche, entreacto en el que transcurre, casi en tiempo real, la práctica totalidad de la película. Tregua en la que sobre los humeantes residuos del pasado se va instaurando una nueva situación a pesar de la incertidumbre flotante en la atmósfera. Si bien, el filme se inicia en la tarde precedente cuando un grupo nacionalista, entre los que está Maciek, atenta sin éxito contra un líder comunista que ha regresado de su exilio soviético, matando por equivocación a dos obreros. Ya al crepúsculo se anunciará la rendición alemana (es el 8 de mayo de 1945). Y tras las tinieblas, la película terminará a modo de epílogo, con el amanecer del día siguiente.

Noche en la que languidece una vieja y decadente sociedad, la de antes del conflicto, que celebra el término de la guerra inconsciente de que será devorada por un nuevo orden cuyos ideales, tanto tiempo sumidos en la oscuridad, emergerán haciéndose dueños del actual contexto que va naciendo ante sus ojos. Situación con la que Wajda elabora una lúcida metáfora que va más allá de la simple recreación de unos hechos históricos, al hacer confluir en el hotel de una ciudad, escenario principal del filme, a un grupo de personajes de diversa índole: Szczuka (Waclaw Zastrzezynski), víctima del frustrado asesinato, que se debate entre su propio escepticismo ante los acontecimientos y el deseo por reencontrarse con su hijo adolescente a quien no ve desde antes del comienzo de la contienda; el alcalde de la ciudad, un especulador que ya se sabe futuro ministro y que, como excusa ante los hechos acontecidos, organiza un banquete en el que reúne a diversas autoridades; o su secretario, un oportunista que medra a la sombra del edil y al mismo tiempo colabora pasando información al citado grupo nacionalista.

Hospedaje en el que también el propio Maciek parece darse un respiro, pero que se tornará en dilema existencial tras encontrarse que el dirigente, objetivo del fallido atentado, sigue vivo y se aloja allí, recibiendo la misión de volverlo a liquidar. No obstante, su transformación comienza a despuntar inconscientemente cuando observa por su ventana a la desolada prometida de uno de los obreros muertos en el malogrado magnicidio; disyuntiva que se acentuará al descubrir el amor tras conocer a una camarera (Ewa Krzyzewska), poniendo en duda su propia lucha idealista. Y pese al que el joven intenta buscar razones para no cumplir la orden encomendada, su dramática realidad será la de un hombre atrapado por las circunstancias del entorno.

Parábola que Wajda construye al mismo tiempo a través del uso de numerosos símbolos (un caballo blanco, un Cristo crucificado cabeza abajo, etc) y metáforas, como la felliniana secuencia de las postrimerías de la fiesta que conmemora el término de la contienda: ebrios de entusiasmo y alcohol, los invitados danzan al son de una desafinada interpretación que hace una orquesta de la Polonesa en La mayor de Chopin, alegórica imagen del desorientado destino al que se enfrenta el país polaco. O la escena final que tiene lugar en un sórdido vertedero. Ya que cómo Maciek le expresa a Andrzej (Adam Pawlikowski):”¿Por qué tomarse todo tan en serio? Lo mejor es ir tirando en esta vida, no dejar que te engañen y diviértirse un poco”. Para concluir amargamente: ”¿Que más nos queda?”.

Carlos Tejeda
Copyright La hija de Laughton S.L. (Kane3)

Cenizas y diamantes (Popiol i diament, 1958)
Director: Andrzej Wajda.
Productor: Stanislaw Adler.
Guión: Jerzy Andrzejewski y Andrzej Wajda según la novela del primero.
Fotografía: Jerzy Wojcik.
Música: Jan Krenz y Filip Nowak.
Intérpretes: Zbigniew Cybulski (Maciek Chelmicki); Waclaw Zastrzezynski (Szczuka); Ewa Krzyzewska (Krystyna); Adam Pawlikowski (Andrzej); Bogumil Kobiela (Drewnowski); Jan Ciecierski (el portero); Stanislaw Milski (Pieniazek); Artur Mlodnicki (Kotowicz), Aleksander Sewruk (el alcalde Swiecki); Halina Kwiatowska (Sra. Staniewicz).

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