LA MUERTE SEGÚN FRANÇOIS TRUFFAUT

La novia vestida de Negro (1967)
La habitación verde (1978)

Confieso que François Truffaut siempre ha sido, y es, uno de los cineastas de mi altar personal, como Balzac lo es de Antoine Doinel en Los cuatrocientos golpes (1959). Un creador cuyo temperamento y pasión por el cine transciende más allá de las irregularidades que pueda manifestar su apresurada filmografía. Y digo apresurada por la urgencia con que desarrolló su actividad creativa a la que se entregó fervorosamente, su casi apremiante necesidad de comprender el complejo universo humano y el continuo torrente de búsquedas e ideas que se agitaban en su cuerpo de no demasiada estatura. Lo que le llevó a tener distintos colaboradores trabajando en varios proyectos que, al mismo tiempo, supervisaba mientras acumulaba un rodaje tras otro. Como sin saberlo, tuviera inconscientemente la sensación de la brevedad a la que estaba abocada su propia vida: de hecho falleció a los 52 años en 1982. Es por eso que su obra, salpicada de elementos autobiográficos y obsesiones personales, emana espontaneidad, vitalidad, fuerza, sencillez y sobre todo, una enorme sinceridad.

Aspectos patentes en La novia vestida de negro (1967) y La habitación verde (1978) cuya reciente edición en DVD permite la revisión de dos títulos imprescindibles del autor francés. Especialmente en lo referente a la segunda, cuyo estrepitoso fracaso comercial, incluso fuera de las fronteras galas, la condenó a esporádicas proyecciones en filmotecas y algún que otro balbuceante pase televisivo, cuando realmente se trata de uno de sus ejercicios más personales.

Largometrajes bien diferentes entre sí pero con un denominador común: son dos retratos sobre la desmedida obsesión, marcada por la muerte, que dos seres llevan al extremo. Si La novia vestida de negro es la historia de la venganza de una mujer, viuda el mismo día de su boda, cuya única razón existencial es ir saldando las cuentas con los autores del asesinato de su único y gran amor a la salida de la iglesia, La habitación verde narra el tenaz empeño de un redactor de necrológicas (encarnado por el propio Truffaut) de un periódico de provincias por mantener viva la memoria de los muertos. Dos puntos de vista que el director de El pequeño salvaje (1969) afronta desde diferentes concepciones visuales: si las imágenes de la primera desprenden ese aire de sofisticación propio de los años 60, muy en la línea de trabajos posteriores como La sirena del Mississipi (1969), la segunda, ambientada diez años después de la Primera Guerra Mundial, retoma la estética de sus anteriores películas de época caso de Las dos inglesas y el amor (1971) o Diario íntimo de Adele H. (1975)

Adaptación de una novela de Willian Irish, La novia vestida de negro es una notable película con claras influencias de su admirado Alfred Hitchcock subrayadas, si cabe aún más, por el hecho de que la banda sonora corrió a cargo de Bernard Herrmann, compositor habitual del maestro del suspense y con quien Truffaut había contado para la música de su título anterior: Farenheit 451 (1966). A modo de un ángel de la muerte, Julie Kohler (Jeanne Moreau) liquidará con impasible frialdad al quinteto de amigos que acabaron con la vida de su marido. Víctimas que marcan claramente los cinco pasajes en que está estructurada la película y sobre los que el director galo introduce flashbacks que van reconstruyendo las claves del suceso. Retratos, unos más dibujados que otros, entre los que destacan el del político encarnado por Michael Lonsdale y el del pintor Fergus, origen del Betrand Morane de El amante el amor (1977), ambos interpretados por Charles Denner.

Sin embargo, La habitación verde, inspirada en varios relatos de Henry James, fundamentalmente en El altar de los muertos, es el filme en el que Truffaut vuelca explícitamente su obsesión por el tema de la muerte. Julien Davenne es un hombre atormentado por la pérdida de su mujer, fallecida al término de la contienda, y de sus numerosos amigos que perecieron en la misma. Su afán por mantener viva la memoria de su esposa le ha llevado a crear un santuario con sus recuerdos en su propia vivienda, estancia a la que se refiere el título. Un accidental incendio en la habitación hace que el periodista restaure la derruida capilla abandonada del cementerio para consagrarla esta vez, no sólo a su amada desaparecida, sino al resto de “sus” muertos. Difuntos cuya constante presencia se interpone en la historia sentimental que surge entre los protagonistas, reaccionando cada uno de diferente manera: Cécilia (Nathalie Baye) es conciente del amor que siente por el enlutado Davenne pero no se atreve a expresárselo de un modo claro, y el viudo ama a la joven sin ser consciente de ello, debido a la ceguera que le provoca su obcecación por los extintos. “Usted ama a los muertos en vez de a los vivos”, le expresa ella en un momento dado.

Peculiar relación amorosa que el cineasta desgrana través de la sugerencia y la metáfora: cuando, por ejemplo, Davenne se “declara” pidiéndole a Cécilia que sea junto a él la guardiana de su capilla, un lugar que ha poblado de velas, una para cada desaparecido, y sus correspondientes retratos. Lazos que se estrecharán cuando el viudo entrega a la joven la llave del templo, a modo de anillo de compromiso, para que se haga cargo del santuario durante sus ausencias por motivos profesionales. Cripta que Truffaut aprovecha para colocar algunas fotografías de sus admirados difuntos como Oscar Wilde, Jean Cocteau, Marcel Proust o del mismísimo Maurice Jaubert (1), compositor francés fallecido en 1940 y cuya música utiliza el director para la banda sonora del filme.

E incluso hay una fotografía de Oskar Werner ante la que Davenne le explica a Cécilia que era un soldado alemán y sobre la que concluye: “pero debe admitir que cuando uno mira esa foto es difícil pensar en este hombre como un enemigo”, guiño hacia el actor de Jules y Jim, cuya amistad entre ambos se deterioró durante el rodaje de Farenheit 451Truffaut no sólo homenajea a “sus” muertos sino que, de paso, se reconcilia con los vivos.

Carlos Tejeda
Copyright La hija de Laughton S.L. (Kane3)

NOTA
(1) Maurice Jaubert fue autor de numerosas bandas sonoras para el cine como Zéro de conduite (1933 ) y L´Atalante (1934) de Jean Vigo o El muelle en brumas (Marcel Carné, 1938).

La novia vestida de negro (La mariée était en noir, 1967).
Producción: Les Films du Carrrosse-Les Productions Artistes Associés (París).
Director: François Truffaut.
Guión: François Truffaut y Jean-Louis Richard según la novela e William Irish.
Fotografía: Raoul Coutard (color).
Música: Bernard Hermann.
Intérpretes: Jeanne Moreau (Julie Kohler), Claude Rich (Bliss), Jean-Claude Brialy (Corey), Michel Bouquet (Coral), Michael Londsdale (Morane), Charles Denner (Fergus), Daniel Boulanger (Delvaux), Serge Rousseau (David), Alexandra Stewart (Melle Becker).

La habitación verde (La chambre verte, 1978)
Producción: Les Films du Carrrosse-Les Productions Artistes Associés (París).
Director: François Truffaut.
Guión: François Truffaut y Jean Gruault basados en los tres relatos de Henry James El altar de los muertos, Los amigos de los amigos y La bestia en la jungla.
Fotografía: Néstor Almendros.
Música: Maurice Jaubert.
Intérpretes: François Truffaut (Julien Davenne), Nathalie Baye (Cécilia Mandel), Jean Dasté (Bernard Humbert), Jean-Pierre Moulin (Gérard Mazet), Jane Lobre (Señora Rambaud), Patrick Maléon (el pequeño Georges), Antoine Vitez (el secretario del obispo).

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