ALBERT EMMANUEL VOGLER

El rostro  (Ansiket, Ingmar Bergman, 1958)

Albert Emmanuel Vogler (Max Von Sydow) es un ilusionista que se finge mudo y oculta su cara tras una barba y peluca postizas. Él es El rostro (Ansiket, 1958), uno de los títulos más atípicos, a la vez que sugerentes, del universo Bergmariano. Con su Teatro Magnético recorre en carromato la decimonónica Escandinavia acompañado por su pequeña troupe: el joven asistente Aman (que realmente es su propia mujer disfrazada), su abuela la anciana bruja Vogler, Tubal el orondo charlatán que hace las veces de manager y maestro de ceremonias y el cochero Simson.

Personajes que al enfrentarlos al grupo de burgueses formado por el cónsul Egerman, el jefe de policía Starbeck y el doctor Vergerus a cuya presencia son llevados los comediantes, sirven a Ingmar Bergman para elaborar una inquietante fábula sobre la ambigüedad existente entre realidad e ilusión, verdad y simulación. «Yo veo lo que veo y sé lo que sé», exclama la abuela Vogler en varias ocasiones. De hecho, la historia gira en torno al antagonismo entre la mirada del artista, en este caso un ilusionista, frente a la visión del científico, Vergerus, quien sólo concibe la verdad por medio de la lógica de la razón. Aunque el objetivo de ambos individuos, uno a través el arte, el otro desde la ciencia, es el mismo: comprender la existencia humana y lo que la rodea.

Asimismo, Vogler es el propio alter ego de Bergman con el cual el autor sueco reflexiona sobre el papel del creador, o lo que es lo mismo, sobre su oficio de cineasta. Pues ambos, tanto en la ficción como en la realidad, recurren a los trucos: uno a los del hipnotismo y el otro a los cinematográficos. Pero el discurso aun va a más lejos, pues a través de la figura del hipnotizador, el director de Persona (1966) plantea la cuestión sobre la práctica artística y la utilización que de ella hace el poder. El maquillaje de Vogler, máscara con la que oculta su rostro, apariencia y al mismo tiempo refugio, es a su vez el instrumento que le da libertad creativa, pero también provoca una mezcla de atracción y animadversión en quienes le contemplan. Camuflajes de los que no está exenta, aunque de otra manera, la encorsetada burguesía: bajo su rígido protocolo social amparan sus debilidades, pues también son humanos. De hecho, cuando Vogler hipnotiza a la mujer del jefe de policía, ésta confiesa algunos pasajes sórdidos de su marido.

Elementos que Bergman subraya mostrando ambos estratos sociales por separado. Si la servidumbre, y sin pudor alguno, solo piensa en los escarceos amorosos y para lograr tales fines no duda en beber las pócimas que elabora la abuela, aunque estas sean vulgares mejunjes, el cónsul y sus amigos parecen empeñados en mantener el conservatismo de sus propias normas. Pero en la representación que ofrece Vogler, ambas clases no sólo comparten un mismo espacio, sino que se dejan fascinar por los trucos de hipnósis. Y el Bergman ilusionista da un nuevo giro al enfrentar la incredulidad de Vergerus con el mago en esa insólita secuencia -cercana a la estética del Cine Expresionista Alemán-, del “duelo sobrenatural” entre la “aparición” de Vogler y el médico, tras terminar éste último la autopsia al supuesto cadáver del hipnotizador.

«Uno va avanzando paso a paso hacia la oscuridad. El movimiento es la única verdad», susurra a Vogler el moribundo actor Spegler cuando se enfrenta a su verdadera muerte tras haber fingido horas antes su deceso. O «El engaño es algo tan común que hasta el que tiene por norma decir la verdad se le considera un mentiroso», lee Aman en un libro, al principio del filme. Claves que Bergman maneja con maestría fiel a esa consigna que gustaba pronunciar: «Nada es verdadero, nada es falso».

Carlos Tejeda
Copyright La hija de Laughton S.L. (Kane3)

El rostro (Ankiset, 1958)
Dirección y guión: Ingmar Bergman.
Fotografía: Gunnar Fischer.
Música: Eric Nordgren.
Dirección Artística: P. A. Lundgren.
Montaje: Oscar Rosander
Reparto: Max von Sydow (Albert Emmanuel Vogler), Ingrid Thulin (Amanda Vogler), Gunnar Björnstrand (Dr. Vergerus), Naima Wifstrand (la abuela), Bengt Ekerot (Johan Spiegel), Bibi Andersson (Sara), Gertrud Fridth (Ottilia Egermann), Erland Josephson (cónsul Egermann), Ake Fridell (Tubal), Toivo Pawlo (Jefe de policía Starbeck), Lars Eborg (Simson).

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