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SOÑAR,TAL VEZ VIVIR…

Las tribulaciones de Balthasar Kober (Niezwykla podróz Baltazara Kobera, Wojciech J. Has, 1988)
Editada en DVD por Versus-Notro

Al joven tartamudo Balthasar Kober (Rafal Wieczynski) se le aparecen sus familiares difuntos. Además, es el último miembro de la dinastía como le dice su padre en el lecho de muerte quién, antes de expirar, concluye: “Hijo, Dios le ha puesto un obstáculo a tu lengua para que tus meditadas palabras estén en armonía con la sabiduría divina”. Pero el encuentro con el excéntrico Algesipus Camenius Astrobal, alias Papagallo (Andrzej Kopiczynski), durante su regreso al seminario donde cursa estudios de teología, cambiará su destino: éste, traduciendo los rebuznos del asno que monta el chico, le convida a que abandone “las especulaciones dogmáticas que te perturban para explorar los caminos radiantes de la vida”. A partir de ahí Kober se verá inmerso en un asombroso itinerario habitado por espectros, nigromantes, alquimistas, cabalistas, mercaderes, cómicos, bufones, doncellas, cardenales, hermandades secretas, inquisidores, ángeles y demonios.

Tan complejo como fascinante, Las tribulaciones de Balthasar Kober fue el último título que firmó Wojciech J. Has. Pero ello no fue óbice para que el cineasta, basado en la novela de Frédérick Tristan, concibiese una excelente narración en la que se difuminan los límites entre la realidad y la imaginación, entre lo tangible y lo etéreo, entre la vida y la muerte. Premisas que permiten al director polaco crear una quimera que navega por directrices similares a El manuscrito encontrado en Zaragoza (Rekopis znaleziony w Saragossie, 1965), filme con el que Has dio precisamente un giro temático en su obra, abandonando el realismo social de sus primeras películas en beneficio de historias de corte fantástico.

Pero si en aquella partía de una estructura a modo de cajas chinas, en la que unas historias estaban contenidas dentro de otras, Las tribulaciones de Balthasar Kober se sostiene sobre una aparente arquitectura lineal en la que Has ha difuminado las referencias espacio-temporales entre los sucesivos acontecimientos, imprimiéndole a la trama un carácter atemporal, incorpóreo, aunque el único anclaje real, o más bien reconocible, sea la época, que no el año, en la que transcurre: la Alemania de finales del siglo XVI. Sucesos unidos físicamente por el protagonista: de hecho el cineasta muestra únicamente lo que percibe Kober, es decir, el espectador recibe la misma información que el joven, pues no hay una sola acción, ni diálogo alguno, que acontezca a sus espaldas. Aspectos que, lejos del relato tradicional, proporcionan una nueva perspectiva sobre unos hechos que transcienden más allá de la lógica, lo que le permite a Has crear un atractivo mosaico surreal en el que va depositando, al mismo tiempo, las preocupaciones sobre la existencia humana.

Ya los fotogramas iniciales advierten del carácter sobrenatural de la película: Kober camina por el campo mientras una voz femenina en off exclama “Llévame al país de la felicidad. Al país del que no vuelve nadie. Donde día y noche se cantan las canciones mas bellas. Llévame”. A lo que responde otra, pero masculina: “Sí, pronto te llevaré al feliz país de los vivos. El momento se acerca ¿No hemos vaciado la copa de todas las miserias y las alegrías”. Y de nuevo la voz femenina: “Llámame mi amor, ya sabes que vendré”. Es en esos momentos cuando ante Kober se aparece el Arcángel Gabriel (Marek Barbasiewicz) quien invita al muchacho a traspasar el fuego que el mensajero alado ha hecho surgir de la nada.

Onirismo enfatizado por su cuidada concepción visual donde las referencias a la pintura barroca -Caravaggio, Tiziano, etc-, tanto en luz como en composición y temática, salpican la mayoría de sus imágenes: desde la tenebrista aparición, al inicio del filme, de los familiares difuntos de Kober sentados ante una mesa cubierta por alimentos, cuya organización sigue los cánones tradicionales de los bodegones y retratos de aquel período; hasta los encuadres de los desnudos femeninos de la secuencia del lupanar veneciano. Pero hay más influencias estéticas que van del expresionismo alemán, como la tétrica figura del rector de Dresde (Daniel Emilfork) cuya fisonomía esta cercana al Nosferatu de Murnau, hasta la pintura del Romanticismo, caso de las secuencias celestiales del interior de una iglesia gótica en la que un grupo de ángeles embutidos en sus telas blancas se entregan a la danza, o las sombrías escenas de la gruta, alegoría del infierno. 

Un fresco elaborado a través de la metáfora cuya clave reside en la frase que Kober lee en un libro tras ser acogido en la residencia de un impresor, lugar donde conocerá a quien será su mentor (Michael Lonsdale): “El peligro acecha el alma encerrada. No puede sobrevivir, decae simplemente” y sobre la que el chico reflexiona en voz alta: “Sí. Decae, simplemente. Entonces, sí el alma corre peligro de decaer ¿no es mejor avanzar y perseverar aunque, a menudo, te desvíes?”. Idea que Has acentuará por boca de Kober cuando éste proclama en varias ocasiones que “toda acción no es más que un fuego fatuo. Lo esencial es caminar y andar”. Afirmación que, por otra parte, define la substancia del filme: lo efímero de la existencia humana, ya que la película es un itinerario de iniciación a la vida, pero también a la muerte.

Y es en esa ambigüa combinación de ideas donde se halla uno de los mayores logros del largometraje, porque ¿es acaso un conjunto de visiones y sueños de un muchacho en busca de su propia identidad o, por el contrario, un paseo sobrenatural del alma del propio Kober antes de cruzar definitivamente la laguna Estigia?. Y es ahí donde precisamente reside la gran capacidad inventiva de Has, como la de cualquier autor de talento: invitar al espectador a través de la sugerencia, provocarle sensaciones, para después estimularle a que elabore sus propias conclusiones. Pues, como afirmaba Marcel Duchamp, “contra toda opinión, no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros”.

Carlos Tejeda
Copyright La hija de Laughton S.L. (Kane3)

Las tribulaciones de Balthasar Kober (Niezwykla podróz Baltazara Kobera, 1988)
Director: Wojciech J. Has.
Producción: Polonia-Francia; Film Polski-Jeck Film-La Sept Cinéma.
Guión: Wojciech J. Has según la novela de Frédérick Tristan.
Fotografía: Grzegorz Kedzierski.
Música: Zdzislaw Szostak.
Dirección Artística: Wojciech Jaworski.
Montaje: Wanda Zeman.
Intérpretes: Rafal Wieczynski (Balthasar Kober), Michael Lonsdale (El maestro), Emmanuelle Riva (la madre), Adranna Biedrzynska (Rosa), Christine Laurent (Margerita), Gabriela Kownacka (Gertrud), Daniel Emilfork (El rector), Jerzy Bonczak (Vartet), Marek Barbasiewicz (Arcángel Gabriel), Bożena Dykiel (Garganella), Andrzej Kopiczynski (Papagallo),  Andrzej Szczepkowski (Cardenal), Frederick Leidgens (Strozzi), Zofia Merle (matrona), Henryk Machalica (Sigismund), Zbigniew Zamachowski (Mathias).

LA EXTRAORDINARIA AVENTURA DE ALPHONSE VAN WORDEN

Manuscrito encontrado en Zaragoza (Wojciech J. Has, 1965).
Editada en DVD por Notro Films

No pudo imaginar Wojciech J. Has cuando rodaba documentales y películas de divulgación científica entre 1947 y 1955 que, años después, cansado del realismo, acabaría firmando dos largometrajes completamente opuestos y entroncados dentro de la fantasía gótica: El manuscrito encontrado en Zaragoza (1965) adaptación del libro de Jan Potocki y Sanatorio bajo el signo de la clepsidra (Sanatorium pod klepsydra, 1973), basada en una novela de Bruno Schultz. Además, su independencia creativa hizo que su obra navegase por otros derroteros temáticos, alejándose de los caminos emprendidos por sus compañeros de generación, entre los que se encontraban Andrzej Wajda, Andrzej Munk o Jerzy Kawalerowicz, interesados en hacer un cine más comprometido

El ansia de conocimiento del conde Jan Potocki (1761-1815) le llevó a adquirir una cultura enciclopédica, hablar con fluidez varios idiomas, crear una editorial o sobrevolar Varsovia en globo con un célebre argonauta galo llamado François Blanchard. Pero sobre todo, fue un infatigable aventurero que, como muchos viajeros de su época, recorrió parte de Europa y del Norte de África, Egipto o Turquía. E incluso un frustrado viaje a China, formando parte de una comitiva rusa que detuvieron en Mongolia, debiendo regresar de nuevo. Experiencias que fue reflejando en sus diversos libros de viajes.

Al igual que posteriores literatos como Washington Irving, Potocki tampoco pudo evitar el impacto que le produjeron las tierras españolas cuando las visitó en tiempos del rey ilustrado Carlos III. Hechizo que dio origen a su única novela que, dividida en dos partes, redactó en francés: Manuscrit trouvé à Saragosse. Un clásico de la literatura fantástica supuestamente encontrado, según afirma el autor en el prólogo, por un oficial del ejército napoleónico tras el sitio de la capital aragonesa.

Has adapta fielmente las 14 jornadas en que está estructurada la primera parte del libro cuyo esquema argumental funciona a modo de cajas chinas, es decir, historias dentro de otras historias y que tienen como eje central las extraordinarias vivencias del noble caballero Alphonse Van Worden a su paso por Sierra Morena con destino a Madrid. En su itinerario se verá involucrado en insólitas aventuras sobrenaturales en las que se le aparecen inquietantes seres. Espectros, princesas moriscas, poseídos, bandidos, pícaros, gitanos, anacoretas o cabalistas que habitan lúgubres posadas o deambulan por áridos paisajes, poblados algunos de esqueletos o ahorcados. Atmósferas fantasmagóricas impregnadas por un exotismo en el que se mezclan el pintoresquismo local con el orientalismo salpicadas, al mismo tiempo, de enigmas, ocultismo y leyendas, ingredientes que, por otro lado, cautivaron al viajero decimonónico.

Aspectos con los que Has concibe una atractiva composición de imágenes aderezada por una cuidada puesta en escena, a lo que se suma la excelente banda sonora, del ahora septuagenario, Krzysztof Penderecki que elabora una rica arquitectura melódica por la que transitan registros atonales, momentos sinfónicos -incluso en los títulos de crédito, el compositor polaco hace un giño a Beethoven, incorporando algunas notas de la Novena Sinfonía- y fragmentos con influencias de la música española.

Y Zbigniew Cybulski, el actor que encarna al caballero Alphonse Van Warden, considerado por muchos de sus coetáneos el James Dean polaco y a quien Andrzej Wajda catapultó a la fama con Cenizas y diamantes (Popiól i diament, 1958). Y aunque falleció joven, con apenas 40 años de edad, no tuvo el final de Potocki, que como su vida, fue de leyenda: segun cuentan, enfermo y sumido en sus propios delirios, de un disparo se voló los sesos con una bala de plata que él mismo se había fabricado. Sin embargo Zbyszek, como llamaba Wajda al intérprete, simplemente se cayó al coger un tren en marcha, ese que le debía de llevar a Varsovia.

Carlos Tejeda
Copyright La hija de Laughton S.L. (Kane3)

Manuscrito encontrado en Zaragoza (Rekopis znaleziony w Saragossie, 1965)
Director: Wojciech J. Has.
Guión: Tadeusz Kwiatkowski según la novela homónima de Jan Potocki.
Fotografía: Mieczyslaw Jahoda.
Música: Krzysztof Penderecki.
Dirección artística: Tadeusz Myszorek y Jerzy Skarzynski.
Montaje: Krystyna Komosinska.
Intérpretes: Zbigniew Cybulski, Iga Cembrzynska, Elzbieta Czyzewska, Gustaw Holoubek, Stanislaw Igar, Atanislawa Jedryka, Janusz Klosinski, Bogumil Kobiela, Barbara Krafftowna, Jadwiga Krawczyk.


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