
Arthur Penn
Philadelphia, 27 de septiembre 1922 – New York, 28 de septiembre de 2010
A los tres años de edad, cuando sus progenitores se divorciaron, Arthur Penn dejó «de creer en el mundo de los adultos… que, para mí, sólo se hacían reales cuando morían»[1]. Algo así parece sucederle a Arlo, el protagonista de El restaurante de Alice (Alice’s restaurant, 1969) que, en una de sus visitas al hospital, confiesa a su padre moribundo: «Parece que las cosas buenas de mi vida vienen al no hacer lo que quiero hacer. Ahora que no me persiguen para que haga lo que no quiero hacer ¿Que quiero hacer? Quizá me haga falta viajar mucho para descubrirlo por mi cuenta». Arlo podría ser en cierta manera un reflejo del inconformismo de un joven Penn cuando su prematura vocación teatral le lleva del instituto a Broadway y luego, tras licenciarse del ejército, a París, con la compañía de Joshua Logan, el regreso a su país, sus estudios de filosofía y psicología en el College Black Mountain, la vuelta a Europa para proseguir su formación en Perugia y Florencia, el retorno, una vez más, a New York, donde se matricula en el Actor’s Studio de Lee Strasberg, el teatro, la televisión, el cine,…
Pero además de sus idas y venidas, Arlo y Penn poseen más similitudes, como su profundo desencanto hacia la sociedad del beatificado American Way of Life. El personaje, en realidad el propio Arlo Guthrie interpretándose así mismo, es un joven músico vagabundo sin ataduras, salvo la que le une a su guitarra, que rechaza las normas cuando no se burla de ellas como refleja la sarcástica secuencia en la que trata de evitar su alistamiento en el ejército. Y el cineasta, hermano del fotógrafo Irving Penn, es un intelectual independiente que tampoco comulga con los modos de la industria hollywoodense, ni se adscribe a movimiento o tendencia cinematográfica alguna, aunque algunos le clasifiquen dentro de la generación de directores procedentes de la televisión, esa en la que se hallan John Frankenheimer, Franklin J. Schaffner, Martin Ritt, Robert Mulligan o Sidney Lumet.
Penn fue una mirada crítica, un analista de la psicología de su país que reflejó las contradicciones de una sociedad sumida en una crisis de identidad que se acrecentó en la década de los sesenta por sus múltiples conflictos como la segregación racial o la guerra del Vietnam. Una nación híbrida, en el sentido de que fue formada por la confluencia de numerosas nacionalidades, de culturas y cimentada sobre la violencia, en el genocidio del auténtico norteamericano, el indio. Un proceso que los “nuevos” estadounidenses transfiguran en epopeya a través de la literatura y que más tarde consolida el cine.
Sin embargo, el joven héroe de antaño será a partir de los años cincuenta un hombre maduro doblegado por sus conflictos internos como comienzan a mostrar títulos de la talla de Winchester 73 (Anthony Mann, 1950), Centauros del desierto (The searchers, John Ford, 1956) o El zurdo (The left handed gun, 1958) la primera película de Penn como director. Algo que alcanza una mayor dimensión en la siguiente década con los llamados westerns crepusculares, cuando la épica se ha transformado en la estética del viejo aventurero desorientado en un mundo que cambia deprisa. En cierto modo estos filmes serán una metáfora sobre la realidad norteamericana, la constatación de un fracaso, de unos ideales, caso del propio sueño americano, que se ha quedado en tan sólo eso, en un sueño. Lo que décadas más tarde expresará de otra forma Jim Jarmush por boca de uno de sus personajes de Down by law (1986): «Mi mamá solía decir que EEUU es como un “gran crisol”, porque si lo pones a hervir, decía, toda la escoria sube a la superficie».
Ideas que impregnan los tres westerns que rodó Penn. Sí El zurdo es un retrato psicológico de Billy el Niño al que presenta como un joven vulnerable víctima de la sociedad y las circunstancias muy lejos de la aureola romántica con la que se ha envuelto su figura, Pequeño Gran Hombre (Little big man, 1970) es una descarnada reflexión sobre el genocidio indio. «Rifles de repetición contra arcos y flechas. Nunca pude comprender como los blancos sentían tanto orgullo de sus victorias sobre esos hombres indefensos» manifiesta en un momento dado la voz en off de Jack Crabb (Dustin Hoffman), el protagonista del filme. Además, con una ágil combinación entre la ironía y la tragedia, el cineasta desmonta algunos de aquellos mitos tergiversados por la leyenda, como el del General Custer, del que ofrece una visión mucho más ajustada a la realidad, la de un militar megalómano y paranoico.
Sin embargo, Missouri (The Missouri breaks, 1976) es una parábola sobre las intrigas del poder, la violencia institucional o el enfrentamiento de clases, conflictos muy vigentes en la sociedad norteamericana. Los esfuerzos de Tom Logan (Jack Nicholson), un ladrón de ganado reconvertido en ranchero, por asentarse en un terreno que ha adquirido próximo a la hacienda del rico y arrogante terrateniente David Braxton (John McLiam) quien ha contratado a un “protector”, el desquiciado asesino Lee Clayton (Marlon Brando), cansado de los robos de una banda de cuatreros que, precisamente, son los antiguos compañeros de fechorías de Logan. «A esta región la llaman la puerta del infierno. Cuando mi padre llegó aquí solo había un puñado de indios y algunos jesuitas. El viejo Thomas Jefferson decía que él era guerrero para que su hijo pudiera ser granjero y que el hijo de éste pudiera ser poeta. Yo crío ganado para que mi hijo sea comerciante y su hijo se vaya a vivir a Newport, se compre un barco y no tenga necesidad de ver en estas puñeteras montañas en toda su vida», manifiesta un ganadero en un momento dado del filme. Es la otra cara de la epopeya.
Pero Penn examina otros contextos históricos como la América profunda asolada por la Gran Depresión en Bonnie and Clyde (1967), que narra el itinerario de la célebre pareja de atracadores cuyas andanzas los convierten, más allá de simples delincuentes comunes, en la personificación de un rebeldía contra un sistema que ha fracasado; la alegoría, para muchos, sobre la “caza de brujas” del senador McCarthy en Acosado (Mickey One, 1965), un relato sobre una huida desesperada impregnada con influencias de los movimientos cinematográficos europeos; la implacable crítica al American dream en La jauría humana (The chase, 1966) en la que la llegada del inofensivo prófugo Bubber Reeves (Robert Redford) pondrá al descubierto las miserias de una comunidad emponzoñada por la hipocresía, la intolerancia, el racismo, el fanatismo religioso o los tejemanejes del poder local; la radiografía sobre otro idealismo como el fenómeno hippie en la citada El restaurante de Alicia con la guerra del Vietnam como telón de fondo; los anhelos de un inmigrante centroeuropeo en esa tierra prometida que en realidad se queda tan sólo en una promesa en Georgia (Four friends, 1981); o La noche se mueve (Night moves, 1975) reflejo sobre la desorientación de la sociedad americana tras el caso Watergate personificada en el detective Harry Moseby (Gene Hackman).
Unos cambios sociales que van moldeando a unos seres que arrastran el desarraigo desde su infancia ya que la mayoría provienen de familias desestructuradas. Individuos a la deriva que se mueven por instinto, que tratan de (sobre)vivir liberados de responsabilidades porque es su manera de rebelarse contra un sistema carcomido por sus propias contradicciones. Por ello muchos de los personajes de Penn están abocados a la marginalidad, respondiendo ante la agresión a través de la violencia que en palabras del director es «el grito ahogado de quien no consigue comunicarse»[2]. Porque se enfrentan a un mundo que escapa a su capacidad de comprensión, como le sucede a Hellen Keller en El milagro de Ana Sullivan (The miracle worker, 1962) una preadolescente ciega, sorda y muda, aunque aquí el cineasta deja un rayo de luz para la esperanza ya que su educadora logrará paulatinamente que se integre en su entorno, algo que no conseguirán, a pesar de sus esfuerzos, otros personajes como Jack Crabb, como Tom Logan, como Bubber Reeves, como Billy the Kid.
Cine de itinerarios, algunos finalizan con la muerte, la única salida posible para Billy el Niño, para Bubber Reeves, para Bonnie y Clyde o Lee Clayton. Y los que siguen vivos proseguirán su camino, quizá a ninguna parte, como el Sheriff Calder (Marlon Brando) en La jauría humana, que junto a su mujer hace las maletas y se marcha hastiado por la mezquindad de esa sociedad provinciana; como Arlo en El restaurante de Alicia que, junto con su compañera sentimental, abandona la comuna hippie que han fundado sus amigos Alice y Ray en una iglesia secularizada de una pequeña población , porque sus ideales, al igual que el American way of life, son más elevados de lo que en realidad se puede poner en práctica; como Logan y Jane Braxton (Kathleen Lloyd), la hija del rígido terrateniente con la que el ex ladrón ha mantenido una relación imposibilitada por las circunstancias en Missouri, lo que les empuja a irse del territorio en direcciones opuestas, aunque en el aire flote la sensación de un posible reencuentro en el futuro; o como Harry Moseby en La noche se mueve que, malherido, tan sólo acierta a poner en marcha el motor de una embarcación que le lleva a la deriva en medio de la inmensidad del mar. Una nueva alegoría sobre la incertidumbre en la que navega la nación norteamericana.
Y el centenario Jack Crabb, un ser desplazado a lo largo de su existencia a causa de la diferencia entre culturas. Porque desde que fue criado por los Cheyennes, tras perecer sus padres en un ataque de los Pawnees, nunca logrará la plena integración, ni dentro de la tribu india, aunque haya sido instruido bajo sus principios, ni tampoco en la sociedad del hombre blanco precisamente por su educación. Quizá por eso acaba sus días confinado en esa insignificante tierra de nadie que es una anodina residencia de ancianos.
Carlos Tejeda
Copyright La hija de Laughton (Kane3)
NOTAS
[1] Recogido en Gaston Lastrate. Arthur Penn. La vida se mueve. 39 Semana Internacional de Cine. Valladolid, 1994. pág.19.
[2] Recogido en Gaston Lastrate. Arthur Penn. La vida se mueve. Op. cit. pág.22.
FILMOGRAFÍA
- El zurdo (The left handed gun, 1958)
- El milagro de Anna Sullivan (The miracle worker, 1962)
- Acosado (Mickey One, 1965)
- La jauría humana (The chase, 1966)
- Bonnie & Clyde (1967)
- El restaurante de alicia (Alice’s restaurant, 1969)
- Pequeño gran hombre (Little big man, 1970)
- Visions of Eight (1974), documental sobre las Olimpiadas de Munich en el cual también colaboraron directores de la talla de Milos Forman, Claude Lelouch, Kon Ichikawa o John Schlesinger.
- La noche se mueve (Night moves, 1975)
- Missouri (The Missouri breaks, 1976)
- Georgia (Four friends, 1981)
- Agente doble en Berlín (Target, 1985)
- Muerte en invierno (Dead of winter, 1986)
- Penn & Teller get killed (1988)
- The portrait (1993) TV
- Lumière et compagnie (1995)
- Inside (1996) TV





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